Más y mejor cuidado infantil para facilitar el empleo femenino

Keyword: 
Gender
Labor
Topic: 
Education - Health
Labor

Este post apareció originalmente en el blog Primeros Pasos – Blog del BID sobre Primera Infancia, el 12 de Junio del 2017.

“La brecha de género en los salarios se debe, en gran parte, a la maternidad”. Este fue un titular del The New York Times hace un par de semanas. El artículo resumía una tendencia real en Estados Unidos: la brecha salarial y de participación laboral entre hombres y mujeres aumenta durante la edad reproductiva de las mujeres. ¿Cómo afecta esto a las madres y qué hacer para remediarlo? ¿Qué sucede en América Latina?

Aunque los avances en la región en materia educativa han disminuido en algo esta brecha, la participación laboral femenina continúa siendo demasiado baja: la mitad de las mujeres latinoamericanas en edad de trabajar se encuentran fuera del mercado laboral. El costo sobre su trayectoria profesional es alto, pero podría remediarse con políticas públicas enfocadas en apoyar a las mujeres que deciden ser madres.

El precio que pagan las mujeres

Parte de la explicación de esta brecha está en las decisiones de las parejas de dividir el trabajo de manera que, típicamente, mientras el hombre genera ingresos, la mujer se dedica a las labores domésticas. Lo curioso es que incluso entre las mujeres que no dejan de trabajar cuando se convierten en madres, los salarios por hora son menores a los de sus pares varones. Las brechas salariales más pronunciadas se encuentran en carreras profesionales que demandan jornadas extendidas con horarios menos flexibles, privando a las mujeres de acceder a trabajos que por lo general son mejor remunerados.

Como consecuencia, en el largo plazo, aún si logran recuperar su trayectoria profesional e igualarse con sus pares hombres, pagan un costo en términos de salario perdido pues han acumulado menos ahorros y promociones y han contribuido un menor monto a su fondo de jubilación.

Nuevas prácticas, nuevas posibilidades para las madres

En este contexto, urgen cambios en las políticas públicas, en la cultura empresarial y en las normas sociales que favorezcan la equidad de género. Desde el punto de vista de las normas sociales, es imperativa la promoción de la paternidad activa y de un mayor involucramiento de los hombres en la crianza de sus hijos y las tareas domésticas. Para ello, hay que combatir la cultura empresarial inflexible y poco amigable que castiga a los hombres que desean tener una paternidad equitativa, imponiéndoles una carga de trabajo incompatible con las tareas del hogar bajo la premisa de que así tendrán una “trayectoria profesional exitosa”.

En lo que se refiere a políticas públicas, una solución efectiva tiene que ver con los permisos para que padres y madres tomen licencias remuneradas tras el nacimiento de un hijo. Aunque esta es una medida importante, no es suficiente dados los niveles de informalidad en los mercados laborales de la región. Incluso si todos los países contaran con esquemas de licencia idóneos, existiría un enorme segmento de la población que se quedaría fuera.

Los servicios de cuidado infantil podrían ser una respuesta

Una publicación reciente sugiere explorar a profundidad los servicios de cuidado infantil como política pública para favorecer la participación laboral femenina. Para asegurar su efectividad, será esencial reconocer la importancia de la calidad como una condición no negociable para promover el bienestar y el desarrollo de los niños. Hay que analizar cuidadosamente la accesibilidad de los servicios y la flexibilidad en los horarios, un aspecto crucial en la decisión de las familias de usar este tipo de servicios.

Además, es necesario enfatizar cómo estos servicios de cuidado infantil, minuciosamente diseñados e implementados, podrán responder a las necesidades de las madres trabajadoras en la región, particularmente aquellas de estratos socioeconómicos menos favorecidos. Son ellas quienes actualmente utilizan los servicios de cuidado con menor frecuencia, incluso cuando son subsidiados.

Son sus hijos quienes tendrían el mayor potencial de beneficiarse al tener acceso a servicios de cuidado infantil de buena calidad que promuevan su desarrollo y aprendizaje. De ser implementada, esta política tendría un impacto dramático sobre la vida de las mujeres y sus niños, alentando a las madres a desempeñarse en sus distintos roles con la certeza de que tanto ellas como sus hijos estarían creciendo.

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