El cuidado residencial en instituciones no puede ser la alternativa

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Este post apareció originalmente en el blog Primeros Pasos – Blog del BID sobre Primera Infancia, el 28 de Septiembre del 2020.


Existen entre cuatro y ocho millones de niños, niñas y adolescentes en el mundo que, al no poder residir con sus familias, viven en instituciones de cuidado. Esto se da a pesar de que más de 80 años de investigación han demostrado los efectos devastadores para el desarrollo de los niños y niñas que reciben cuidado residencial en instituciones. Si bien en 2009 se instó a los Estados a que aquellos niños y niñas que requieran cuidado alternativo sean ubicados en un ámbito familiar, en la región de América Latina y el Caribe, alrededor de 230.000 niños, niñas y adolescentes reciben cuidado institucional.

En las últimas décadas, muchos países han transformado sus sistemas de cuidado pasando de modalidades residenciales a cuidado familiar; sin embargo, aún predomina el modelo de cuidado residencial, o lo que en algunos países llaman instituciones de protección u orfanatos. Históricamente, los niños y niñas de la región han sido ubicados en instituciones en nombre de su protección y cuidado desde tiempos de la colonia, muchos pertenecientes a pueblos indígenas, cuya  sobrerrepresentación en estas instituciones se da hasta hoy. Estas instituciones caritativas, muchas veces religiosas, recibían a niños y niñas sin cuidado parental o con necesidad de cuidado.

Muchas de estas instituciones abrieron sus puertas con el deseo genuino de apoyar a la infancia, no obstante, el daño que trae este tipo de cuidado no se puede desconocer. Un estudio reveló que los niños y niñas que reciben cuidado institucional tienen 6 veces más riesgo de sufrir abuso físico y 4 veces más riesgo de sufrir abuso sexual que aquellos que reciben cuidados en entornos familiares. Además, se han documentado situaciones de tráfico ya que pocos países cuentan con un sistema centralizado que monitoree el número, las causas y la atención que se recibe. En estos contextos, no es posible desarrollar planes o políticas basadas en la evidencia para abordar los problemas que los llevan a ser separados de sus familias.

¿Qué causa la pérdida del cuidado parental?

Para poder prevenir es importante comprender las causas, por lo que hay que reconocer la complejidad de los aspectos socioculturales, económicos y ambientales. En América Latina y el Caribe, las principales causas de la pérdida del cuidado parental son el maltrato y el abuso sexual, sin embargo, hay muchos otros factores que se deben tener en cuenta:

  • Aspectos sociales como la violencia, el maltrato infantil, el abuso sexual, la desigualdad de género, y la discriminación
  • Aspectos económicos, en especial la pobreza,, limitan el acceso a servicios como la atención médica, la educación, la vivienda y otras necesidades básicas, como una nutrición adecuada.
  • Aspectos ambientales como los terremotos, los huracanes, las inundaciones, los tsunamis y los deslizamientos de tierra.

Todos estos factores ponen en riesgo el cuidado parental, ya que influyen en el acceso a recursos, herramientas, o posibilidades de brindar el mejor cuidado y ambiente para sus niños y niñas.

El cuidado familiar como modelo

Es importante que los países transformen los sistemas de protección, priorizando el modelo de cuidado familiar. La experiencia en algunos países de la región está demostrando que la transformación no solamente es posible, sino que es económicamente viable, especialmente cuando los gobiernos participan.  

Esto es un reto que adquiere nuevas dimensiones bajo la crisis del COVID-19. Si no se toman medidas urgentes, se estima que 86 millones de niños y niñas caerán en la pobreza en países de ingresos bajos y medios. Esta crisis traerá un aumento dramático de las desigualdades económicas y de acceso a servicios sanitarios y sociales, lo cual pondrá en riesgo a un gran número de familias en la región. Adicionalmente, el estrés parental por la crisis, el confinamiento y el aumento de violencia intrafamiliar pueden aumentar la separación.

Es importante que, durante la respuesta a esta crisis, los países reconozcan y comprendan que:

  • El proceso de transformación del cuidado implica reinvertir fondos en servicios de mayor calidad que satisfagan las necesidades de todas las familias, niños y niñas previniendo así la pérdida del cuidado.
  • En casos de maltrato y abuso siempre es prioridad el bienestar de los niños y niñas. Sin embargo, hay que evitar el cuidado institucional por sus efectos adversos. Además, hay intervenciones exitosas que previenen el maltrato y se pueden llevar a cabo antes de la pérdida del cuidado parental. 
  • La transformación es un proceso gradual en el cual debe haber una constante supervisión, preparación y monitoreo de manera que cuando se transite al cuidado familiar sea de manera responsable.

Lo más importante en todo el proceso es mantener como eje principal el interés superior de los niños, niñas y adolescentes. Los primeros años de vida son esenciales para su desarrollo y pueden verse profundamente afectados de forma negativa, si el cuidado que reciben no es individualizado, de calidad y no se da en contextos seguros. 

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