Cómo la economía del comportamiento puede ayudar al desarrollo infantil en El Salvador

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Education - Health


Este post apareció originalmente en el blog Primeros Pasos – Blog del BID sobre Primera Infancia, el 25 de Febrero del 2020.


En El Salvador, 26% de los niños de 6 a 23 meses padece anemia. En los municipios más pobres, 1 de cada 2 niños está anémico. Esta situación es similar a nivel mundial, donde se estima que el 45% de los niños menores de 5 años en países de ingresos medios y bajos padece anemia.  La anemia es una condición que puede provocar consecuencias permanentes en los niños, como la disminución de las funciones cognitivas, el aumento del riesgo de infecciones y el daño de las habilidades productivas. ¿Cómo puede la economía del comportamiento ayudar a diseñar una solución a esta situación? Entérate en este artículo.

El tratamiento tradicional de la anemia.

La anemia ocurre cuando la sangre presenta bajos niveles de hemoglobina, lo que provoca que no transporte suficiente oxígeno al cuerpo. Niveles insuficientes de oxígeno en el cerebro pueden provocar que los niños desarrollen una menor capacidad intelectual, cognitiva y de trabajo. Existe un tratamiento muy efectivo para la anemia por deficiencia de hierro, la más común en zonas de alta pobreza, que consiste en suplementar las comidas con micronutrientes en polvo. Además de ser efectivo, el tratamiento es aparentemente simple. Sin embargo, requiere de dosis adecuadas de forma regular, con lo que se presenta un gran desafío: que los cuidadores mantengan el nivel de adherencia, es decir, que les provean a sus niños los micronutrientes por un mínimo de 60 días continuos cada seis meses.

El programa en El Salvador.

En El Salvador se desarrolló un programa para apaliar los dramáticos índices de anemia y en una primera etapa se introdujo la distribución gratuita de micronutrientes en polvo a través de los servicios públicos de salud. Con esto se logró que el 82% de los niños a los que estaban destinados los recibieran. Para un sistema de salud esto ya se consideraría un gran logro, sin embargo, sólo el 15% consumió la dosis completa del tratamiento. ¿Qué factores impidieron que los cuidadores continúen el tratamiento? La respuesta a esta pregunta no es fácil ya que en el campo del comportamiento humano, las causas y efectos no son siempre lineales ni evidentes.

La primera intervención: Iniciativa Salud Mesoamérica.

Como parte de la Iniciativa Salud Mesoamérica, que busca mejorar la salud de los niños y madres en países de esa región, se rediseñó el programa de entrega de micronutrientes con el objetivo de aumentar el nivel de adherencia al tratamiento. Esta segunda etapa tuvo como objetivo educar a los cuidadores en los beneficios de los micronutrientes, a enseñarles cómo administrarlos y a realizar un seguimiento del tratamiento. En el rediseño se incluyeron visitas domiciliarias por promotores, difusión de materiales educativos, seguimiento y consejos a los padres y cuidadores y la entrega de un calendario para seguir el tratamiento. Los esfuerzos se focalizaron en 12.000 niños de 6 de 23 meses, residentes en los 14 municipios más pobres del país.

Si bien el rediseño logró aumentar la adherencia al tratamiento completo al 24%, la cifra de niños con anemia se mantuvo estable. Con más del 80% de la población objetivo recibiendo gratuitamente los micronutrientes, evidentemente aún persistían ciertas barreras que evitaban que los cuidadores mantuvieran su adherencia al programa.

La visión de la economía del comportamiento.

Estas barreras son, justamente, lo que estudia la economía del comportamiento, que analiza cómo los individuos se comportan y toman decisiones. En el caso del El Salvador, muchas pueden ser las variables para que los cuidadores no se adhieran al tratamiento. ¿Es falta de conocimiento sobre los efectos de la anemia? ¿El desconocimiento sobre la efectividad de los micronutrientes? ¿Es, tal vez, un simple olvido? ¿Dificultad para sumarlo a la rutina? ¿Es porque cambia el gusto de los alimentos? ¿O es una combinación de todas estas variables?

Junto con el Behavioral Insight Team, el BID y la Inicativa Salud Mesoamérica realizaron entrevistas en profundidad a cuidadores, para identificar las raíces del problema e idear posibles soluciones. Por ejemplo, se descubrió que muchos padres abandonaban el tratamiento porque no percibían mejoras en el corto plazo pero si encontraban pequeñas dificultades diarias para que los niños lo tomaran. Es un efecto del llamado sesgo del presente: sopesar más un costo por pequeño que sea a corto plazo que un gran beneficio a largo plazo. Para complicar más las cosas, los efectos a corto y largo plazo de la anemia son casi invisibles para los cuidadores en un contexto de pobreza donde la gran mayoría de los niños padecen de ella. Aunque los cuidadores sabían que los micronutrientes son importantes para el crecimiento y desarrollo de los niños, como perciben que sus hijos se desarrollan de manera similar a otros de la comunidad no le daban tanta importancia al tratamiento.

Con las barreras identificadas, el siguiente paso es idear soluciones concretas y realizables, adaptadas a la realidad del país y considerando el punto de vista del individuo, en este caso los cuidadores que proveen alimentos a los niños. La lección de el Salvador, es que para mejorar la salud de los niños no basta con distribuir tratamientos que clínicamente son efectivos, sino hay que pensar en cómo reducir las pequeñas fricciones que enfrentan quienes los administran y cómo hacer constantemente visibles los beneficios que traen. Nos un trabajo fácil. No es un trabajo al que están acostumbrados los sistemas de salud, pero es un trabajo que vale la pena.

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