¿Pueden las farmacias de barrio ayudarnos en la lucha contra el coronavirus?

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Una droguería de barrio tradicional de Colombia. Fuente: Alianza EFI.

Las farmacias de barrio (o droguerías en Colombia) son, en muchos casos, la puerta de acceso a los servicios médicos en muchos países de ingreso bajo o medio. Dos razones son: (i) la percepción de los costos de espera es más baja que el de una visita a un centro de atención médica, y (ii) porque resulta ser una forma rápida de obtener respuesta ante la presencia de síntomas. Otros costos pueden hacerse más evidentes frente a la actual pandemia, como el riesgo de contagio al visitar un centro de atención médica.

Dado el rol protagónico de las farmacias durante la pandemia, es importante entender el comportamiento de los regentes de farmacia ante consultas de potenciales usuarios de servicios farmacéuticos.

En este reporte presentamos las conclusiones obtenidas tras realizar un estudio en un contexto donde los regentes de farmacia reciben una llamada en la que se describe un cuadro de síntomas comunes al COVID-19 y al dengue. Ante esta sintomatología, tanto la OMS como el Ministerio de Salud recomiendan llamar a la línea de atención de COVID-19 (192) o a su EPS para comenzar el proceso de diagnóstico y testeo. Ambos organismos recomiendan practicar aislamiento domiciliario y, en caso de vivir con otros, aislamiento respiratorio y de contacto. El Ministerio de Salud también recomienda solicitar atención médica, pero no asistir al centro de salud a menos que se tenga un cuadro de enfermedad que amenace la vida.

Nuestro propósito es evaluar en qué medida se cumple esta ruta de manejo, y cuáles otros comportamientos son comunes al describir estos cuadros sintomáticos de forma telefónica.

Parte de la complejidad está en que, al ser síntomas compartidos por ambas enfermedades, los regentes de farmacia ofrezcan el manejo usual que dan a los casos de dengue. Ante esta coyuntura, es fundamental entender el rol de la adquisición de nueva información y de las respuestas cognitivas automáticas, basadas en el manejo usual de estos casos.

Para este estudio utilizamos la versión telefónica de una técnica llamada “clientes simulados.” Un miembro del equipo de investigación, en el rol de cliente, realiza una interacción que resulte lo más natural posible a la que podría tener el regente de farmacia. En nuestro caso, una llamada telefónica reportando un conjunto de síntomas que está teniendo su hermano desde hace dos días, para luego solicitarle a quién recibió la llamada alguna recomendación sobre qué hacer.

Recopilamos los números telefónicos de 388 farmacias en Boyacá (Tunja, Duitama y Sogamoso), Santander (Bucaramanga, Floridablanca y Girón), y Norte de Santander (Cúcuta). Del total de intentos de llamadas, 66% fueron exitosas.

Santander y Norte de Santander fueron seleccionados por ser zonas endémicas de dengue. Boyacá fue seleccionado por su cercanía geográfica a Santander, y su menor incidencia de dengue. En los dos primeros meses de 2020, Santander presentó 1.402 casos de Dengue, Norte de Santander 529, y Boyacá 213 según datos del SIVIGILA del Instituto Nacional de Salud (INS. Boletín Epidemiológico Semanal. Semana Epidemiológica 09). Escogimos ciudades capitales y municipios del área metropolitana o de más de 110.000 habitantes, de forma que la llamada realizada por un extraño no sonara sospechosa. Esto podría no cumplirse en municipios más pequeños.

Las farmacias fueron asignadas aleatoriamente a dos posibles cuadros de síntomas:

  • Cuadro Común: dolor de cabeza, dolor de garganta y fiebre.
  • Cuadro COVID: dolor de cabeza, dolor de garganta, fiebre y pérdida del olfato.

El propósito de usar dos cuadros sintomáticos diferentes es entender mejor si el manejo de la situación es diferente cuando es más fácil evidenciar que los síntomas se asocian al COVID-19, pues la pérdida del olfato no está relacionada al cuadro de síntomas usuales del dengue. Además, la pérdida del olfato es un síntoma descubierto recientemente, por lo que permite tener una idea de la adquisición de información de los regentes de farmacia que reciben las llamadas.

Al reportar los síntomas del cuadro común, sólo en una de cada cinco llamadas le sugieren al cliente simulado que llame a la línea de atención dispuesta para atender la pandemia. Si se reporta como síntoma adicional la pérdida del olfato, la frecuencia con que recomiendan llamar a esta línea de atención se incrementa, y ocurre en una de cada tres llamadas.

Con la recomendación de visitar un médico o un centro de salud ocurre algo similar: con el cuadro común, esta sugerencia aparece en una de cada tres llamadas; mientras que, al reportar la pérdida del olfato, la frecuencia aumenta y esta sugerencia aparece en una de cada dos llamadas.

Un resultado positivo es la baja frecuencia con que recomiendan que la persona con síntomas visite la farmacia, atendiendo las medidas de confinamiento.

Por último, mencionar la pérdida del olfato también reduce la proporción de llamadas en que recomiendan algún fármaco específico. No encontramos diferencias sistemáticas en estas respuestas entre las farmacias de Boyacá y los Santanderes

El manejo sugerido por la OMS y el Ministerio de Salud, correspondiente a llamar a la línea de atención, ocurre en 21% de las llamadas. Mencionar la pérdida del olfato dentro de los síntomas incrementa esta recomendación en 12 puntos porcentuales (o 57%).

Esto evidencia la disposición a adquirir nueva información para el manejo de los casos de COVID-19, que puede utilizarse para transmitir a través de las farmacias los protocolos de manejo establecidos

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