Lo que quedó fuera de los objetivos de desarrollo sostenible

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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), aprobados por la Asamblea de las Naciones Unidas, tienen implicaciones importantes sobre el bienestar de las familias y los niños durante el inicio de la vida. Algunos de los indicadores que se persiguen son la erradicación de la pobreza extrema y la desnutrición, la reducción de la mortalidad materna e infantil y el acceso a servicios de desarrollo infantil de calidad. ¿Dónde se concentran los principales desafíos?

El libro del BID titulado Los Primeros Años provee una fotografía completa del estado de situación de la infancia en la región y de las intervenciones de política más prometedoras para mejorar el desarrollo y el bienestar desde el inicio de la vida.

Para entender mejor, cada uno de los diecisiete objetivos que se han identificado como prioritarios en los ODS tiene asociados unconjunto de indicadores que permitirán a los países y al mundo monitorear el avance en el logro de estas metas. Por ejemplo, el primer objetivo, la erradicación de la pobreza en todas sus formas,  tiene siete metas asociadas, con un horizonte de cumplimiento del año 2030:

  1. Erradicar la pobreza extrema definida por una línea de pobreza de US$1.25 per cápita por día
  2. Reducir a la mitad la proporción de personas que viven en situación de pobreza según las definiciones de cada país
  3. Implementar sistemas de protección social adecuados a las necesidades de los países con coberturas importantes entre los pobres y vulnerables
  4. Asegurar el acceso equitativo a los recursos económicos, a los servicios básicos, a la propiedad, herencia, recursos naturales, tecnología y servicios financieros
  5. Construir resiliencia entre los pobres y vulnerables y reducir su exposición a choques económicos, sociales, ambientales y climáticos
  6. Movilizar recursos de la cooperación internacional hacia los países de menor desarrollo con el objeto de apoyar la agenda de erradicación de la pobreza
  7. Crear marcos de política a nivel nacional, regional e internacional basados en estrategias de desarrollo que favorezcan a los pobres y promuevan la equidad de género apoyando la inversión acelerada en la erradicación de la pobreza

¿Ambicioso? ¿Complicado? Probablemente. Aun así, estas metas están asociadas a indicadores cuya medición es ya rutinaria en los países de América Latina y el Caribe. Monitorear el avance en estos temas es factible y basta un esfuerzo concertado de las oficinas nacionales de estadísticas en la región para producir los datos necesarios que informen el progreso en esta área.

Sin embargo, la situación es muy diferente en otros temas que son claves para el bienestar y el desarrollo de la primera infancia. Pongo como ejemplo el objetivo número 4, que se refiere a la educación de calidad. Asociado a este objetivo, se han definido diez metas. En este artículo quiero referirme a una.

Para el año 2030, se propone garantizar que todas las niñas y niños tengan acceso a servicios de cuidado y desarrollo infantil de calidad así como a educación prescolar, asegurando así que estén listos para la  primaria”.

Este objetivo es particularmente complejo porque la mayoría de los países no incluyen en sus encuestas nacionales preguntas que les permitan generar información sistemática sobre la cobertura de sus servicios de desarrollo infantil. Ni hablar sobre la calidad de los mismos. No existe un solo país en la región que tenga mediciones sistemáticas, así sea muestrales, sobre la calidad de sus programas y servicios de desarrollo infantil a lo largo del tiempo.

Pero los desafíos no están solo en aspectos como este, que son complejos de medir. También hay temas fundamentales que quedaron fuera de los indicadores asociados a los ODS. Durante la etapa de discusión y definición de los ODS y de sus metas asociadas, voces muy respetadas en el área del desarrollo infantil, se manifestaron a favor de la necesidad de incluir una meta que se refiriera a la medición específica de los niveles de desarrollo de los niños durante la primera infancia.

La falta de indicadores comparables que permitan identificar el estado del desarrollo infantil en los países -y en grupos poblacionales dentro de ellos-  ha limitado y sigue limitando la visibilidad de la agenda de primera infancia en las decisiones políticas y presupuestarias de nuestra región.

Pensemos en otros temas. Por ejemplo, en lo que se refiere a la nutrición infantil o al aprendizaje escolar, los especialistas técnicos se han puesto de acuerdo en maneras de medirlos a escala. Aunque todos sabemos que estas medidas son imperfectas, la publicación periódica de indicadores como los resultados de la prueba PISA o las encuestas de demografía y salud tienen una gran resonancia en la opinión pública, logran movilizar esfuerzos políticos y financiamiento a estos temas y permiten monitorear el avance de los países en ellos. Pero para desarrollo infantil, lamentablemente, no hemos llegado a 2016 con un indicador de esta índole.


 Publicado inicialmente en el blog Los Primeros Pasos, el 11 de Abril, 2016.

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