Participación de hombres y mujeres en el mercado de trabajo. ¿Qué explica el estancamiento?

Keyword: 
Labor
Topic: 
Gender Economics
Labor

Mucho se ha escrito acerca de la gran expansión de la participación laboral de la mujer en diferentes países del mundo. En el Gráfico 1 se muestra lo que sucedió en los Estados Unidos, país para el cual se dispone de una serie larga de datos homogéneos y confiables.

La trayectoria que describe la tasa de actividad de hombres y mujeres es similar a la encontrada en todos los países que disponen de información adecuada y de calidad aceptable, entre ellos varios de América Latina (por ejemplo, Gasparini y Marchionni, 2015). El Gráfico permite apreciar una reducción en la brecha de participación entre sexos y un estancamiento (con una leve retracción) de la tasa de participación de las mujeres en un nivel cercano al 60% de la población femenina adulta. Como resultado de este proceso queda una brecha abierta, en el caso de los EEU un poco superior a los 12 puntos porcentuales.

La fuerte expansión de la tasa de actividad femenina fue protagonizada por las mujeres casadas y se la asoció con la caída de la fecundidad que tuvo lugar también en esos años (Killingsworth & Heckman, 1986), reforzada, claramente, por la fuerte notable expansión educativa (Psacharopoulos & Tzannatos, 1989). Pero hay dos puntos a destacar: en varios países la fecundidad completó su transición y en muchos de ellos se situó por debajo del nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer), a la vez que la educación siguió su tendencia ascendente, aunque a una velocidad más reducida de la que venía registrando desde principios de los 80. A pesar de que estos determinantes cruciales permitían prever la tendencia ascendente de la tasa de actividad de las mujeres, dicha indicador se estancó, como muestra el Gráfico. Por otra parte, algunos estudios realizados en los países escandinavos están dando cuenta de un aumento de la fecundidad de las mujeres más educadas (Esping-Andersen & Billari, 2015), sin que esto implique un retroceso de sus niveles de participación.

Son tres las hipótesis que parecen relevantes en este contexto. Las mujeres más propensas a participar ya están en el mercado de trabajo y las que permanecen en la inactividad, se quedaron allí por los motivos siguientes: a) porque creen (ellas y sus parejas) que la mujer debe encargarse de los quehaceres domésticos y de las tareas de cuidado; b) porque ocupan su tiempo en dichas tareas por diversos motivos, uno de los cuales es a). En esta última hipótesis se incluye la especialización de tareas al interior de los hogares: las mujeres en tarea domésticas y de cuidado y el hombre en trabajo para el mercado. Asimismo, de b) queda un punto por develar: ¿cuidar a quién? Justamente esta hipótesis es la contracara de aquella que se usó para explicar el aumento de la tasa de actividad: la fecundidad descendió, la demanda por cuidado cayó, liberando tiempo disponible para dedicarlo al trabajo remunerado. Si cada vez hay menor niños para cuidar, entonces ¿por qué la participación se estancó?; o bien, ¿por qué cierto grupo de mujeres (como las escandinavas) tienen cada vez más hijos y no declinan su participación en el mercado?

Las respuestas a estos interrogantes remiten a los puntos a) y b), nuevamente: (i) porque el tiempo de cuidado y de trabajo doméstico se distribuye desigualitariamente entre hombres y mujeres, y (ii) porque si bien hay cada vez menos niños que cuidar, el envejecimiento demográfico está provocando un aumento de la demanda por cuidado, no ya de niñas y niños sino de adultos mayores. Si se cumple a), dicha demanda recae mayoritariamente sobre las mujeres. Pero para que esto ocurra debe darse que los adultos mayores que cada vez son más y que viven más años, requieran cuidado, que dicho cuidado no esté cubierto por alguien cercano (cónyuge) o por profesionales (servicios formales). Esto es una condición necesaria, dado que si los adultos mayores están en buenas condiciones de salud podrían generar “transferencias hacia abajo” en términos generacionales, colaborando con recursos monetarios y no monetarios, liberando tiempo de los adultos en edades centrales que podrían ser utilizados para el trabajo para el mercado.

Las mediciones realizadas para Argentina (Paz, 2018) muestran la ocurrencia de ambos fenómenos con impactos diferenciales por género. Los adultos mayores reducen la oferta laboral de hombres y mujeres que coresiden con ellos, pero al aislar el efecto de cuidado, se observa que en los hombres provocan un efecto ingreso (reduciendo la oferta de trabajo) quizá por el aporte en dinero que los adultos mayores hacen al hogar, mientras que en las mujeres la reducen por una mayor carga de cuidado.  Estas conclusiones surgen de estimaciones realizadas para la Ciudad de Buenos Aires, un distrito con muy alta tasa de actividad de las mujeres (78% entre 20 y 49 años), baja fecundidad (1,8 hijos por mujer) y alto nivel de envejecimiento (16% de la población con 65 años y más).

Lo curioso de los hallazgos es que a pesar de presentar estas características que desde un punto de vista demográfico podrían denominarse post-transicionales, las niñas y los niños en el hogar siguen sacando mujeres del mercado laboral, principalmente las niñas y los niños entre 0 y 4 años. Es notable asimismo que la presencia de niñas y niños no altere la oferta laboral masculina. La información disponible permite suponer que la división del tiempo de trabajo para el mercado y para el hogar es desigual por sexo.

La segunda Encuesta de Uso del Tiempo realizada en CABA en 2016, permitió contrastar algunas de las hipótesis acerca de la manera en que hombres y mujeres destinan su tiempo a tareas de cuidado y cómo esa asignación incide en el tiempo dedicado al trabajo para el mercado. Según estas estimaciones, la presencia de los adultos mayores más demandantes de cuidado en el hogar provoca un significativo del tiempo dedicado por las mujeres a dichas tareas y no modifica en absoluto la cantidad de tiempo que los hombres aplican al cuidado.  En lo que hace al tiempo dedicado al trabajo para el mercado, la presencia de adultos mayores en el hogar no modifica la oferta laboral femenina y disminuye la masculina. Estas evidencias van en la dirección sugerida por las anteriores ya comentadas y dan cuenta de una disparidad muy fuerte en la distribución del tiempo, de una gran especialización y, en consecuencia, de una persistencia previsible dela brecha de oferta de trabajo entre hombres y mujeres.


Referencias:

Esping-Andersen, G. & Billari, F. (2015) “Re-theorizing family demographics” Population and Development Review 41(1): 1–31.

Gasparini, L. and Marchionni, M. (2015). Bridging gender gaps? The rise and deceleration of female labor force participation in Latin America. CEDLAS-UNLP, La Plata.

Killingsworth, R. & Heckman, J. (1986). “Female Labor Supply” in Anshenfelter, C. & Layard, R. (eds.), Handbook of Labor Economics, 1, North-Holland.

Paz, J. (2018) Envejecimiento demográfico y oferta laboral de hombres y mujeres, Manuscrito no publicado, mayo.

Psacharopoulos, G & Tzannatos, Z. (1989) “Female labor force participation: An international perspective” The World Bank Research Observer, 4(2): 187–201.

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