El mercado laboral colombiano durante 2015

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No sólo importó el desempeño del PIB; también la inflación y el comportamiento de los salarios.

​El crecimiento del PIB real colombiano se amortiguó sustancialmente el año pasado: 3.0% en promedio para los primeros tres trimestres (último dato disponible en el momento de redactar este informe) vs. 4.6% en 2014. La respuesta en el mercado de trabajo rural, fue una caída considerable del empleo asalariado, el de mejor calidad, y un  alza del empleo no asalariado. No pasó, sin embargo, lo mismo en las principales ciudades.​

En las trece áreas metropolitas el impacto negativo de la desaceleración económica sobre la ocupación de mejor calidad, la formal, fue más moderado y duró menos: se redujo ligeramente en el primer semestre pero se recuperó con creces en el segundo. Aunque el crecimiento medio del empleo formal total se desaceleró en 2015 (2.8% vs 5.0% en 2014), el del menos educado se disparó (8.1% vs 2.6%). Contra lo esperado, la desaceleración del PIB no elevó el desempleo y ni tampoco la informalidad: el nivel medio del primero se mantuvo por debajo del 10% y la informalidad se redujo a su menor guarismo desde 2007. 

Como veremos, la explicación estriba en la aceleración de la inflación, que se venía presentando desde el año 2014 y que  permitió estabilizar en el primer semestre 2015 el salario mínimo real y también el salario real de los trabajadores formales menos educados. Ello favoreció durante todo el año la creación de este empleo, que responde con rezago a sus salarios, y que compensó la reducción que se produjo hasta mediados del año en el empleo formal más educado que, por su lado,  responde más a las variaciones del PIB.  ​​

​​1. Desempeño laboral en las zonas rurales

Para analizar el mercado laboral rural hay que tener en cuenta dos hechos básicos. El primero es que en el campo el empleo asalariado brinda a los trabajadores ingresos laborales mensuales 2.7 veces más elevados que el no asalariado (1.32 SML vs. 0,49 en 2014). Es el empleo de mejor calidad. El segundo es que no todo el empleo rural,  y tampoco el asalariado, es generado por el sector agropecuario (su importancia media en el empleo rural total fue del 61% en 2015; el 39%  restante es generado por otros sectores), por eso su comportamiento no depende exclusivamente del de este último sector: frente  a las cifras desestacionalizadas del cuarto trimestre 2014, para el tercer trimestre 2015 (último dato disponible) el valor agregado real del sector agropecuario resultaba ser 3.9% más alto y,  en cambio, el empleo asalariado rural era 7.2% más bajo.   

Ahora bien, (gráfico 1, panel A) el volumen de los obreros y empleados asalariados, cayó considerablemente en 2015. Frente al valor desestacionalizado alcanzado un año atrás, para el cuarto trimestre 2015 se habrían perdido en las zonas rurales unos 90.500 empleos asalariados (una reducción del 9.1%). 

Por su lado (panel B), en 2015 el empleo no asalariado rural, el de peor calidad, presentó durante 2015 grandes fluctuaciones pero, en promedio aumentó un 3.6% frente a 2014. Se había elevado rápidamente hasta febrero-abril y después osciló: volvió a bajar hasta agosto-octubre y a subir hasta fines del año. Esa oscilación fue generada por  comportamiento el empleo no remunerado (los ayudantes familiares que laboran su hogar o en otros hogares).  Entre el segundo y el tercer trimestre, ante el transitorio repunte del empleo asalariado del segundo trimestre y creyendo que la reducción de este era pasajera, los ayudantes familiares disminuyeron un 23% para buscar, desde el desempleo, trabajos asalariados. Pero la duración de la crisis del empleo moderno los hizo retirarse otra vez del mercado asalariado en el cuarto trimestre y volver a su antigua condición. 

Gráfico 1: Principales indicadores laborales rurales 2014 y 2015

Fuente: DANE, gran encuesta integrada de hogares; datos publicados por esa institución. Notas: 1. Empleo asalariado(obreros y empleados particulares y del gobierno); empleo no asalariado (resto del empleo). 2. La tasa de participación total es el cociente entre la PEA y la PET; la tasa de ocupación asalariada es el cocente entra la PEA asalariada (empleo asalariado+desempleados) y la población en edad laboral. 3. Tasa de desempleo total (desempleados vs. ocupados más desocupados). Tasa asalariada de desempleo (desempleados vs. ocupados asalariados más desempleados); esta medida alternativa se justifica pues casi todos los desempleados (rurales Y urbanos) buscan un trabajo asalariado. 4. Las series se desestacionalizaron usando el método CensusX-12.​

La tasa asalariada de participación (ocupados asalariados más desempleados vs. la población en edad laboral), que había subido en el tercer trimestre, cuando muchos ayudantes familiares se vincularon al mercado asalariado, volvió a bajar en el cuarto, cuando se retiraron del mismo, contribuyendo a reducir otra vez el desempleo. Y la tasa total de participación (panel D), que se había elevado en el primer trimestre y caído en el segundo y el tercero, volvió a elevarse en el cuarto. 

Corregida por variaciones estacionales (panel D) la tasa salariada de desempleo (desempleados vs ocupados asalariados más desocupados) ha sido mucho más alta que la tasa total; cayó en el primer trimestre (21.3%en febrero-abril); se elevó en el segundo y tercero (26.1% en julio-septiembre) y después volvió a caer (24.2% en el cuarto trimestre). Y la tasa rural total de desempleo tuvo un comportamiento similar: entre  febrero-abril y agosto-octubre pasó del 4.9% al 6.7% y volvió a caer hasta fines del año (5.6% en el cuarto trimestre). 

2. El empleo formal total y por niveles educativos en el conjunto de las trece principales ciudades

Para las ciudades el DANE suministra indicadores más finos sobre la calidad del empleo, los referidos al empleo formal e informal (ver definiciones al pie del gráfico 2). ​

Gráfico 2: Trece ciudades principales: comportamiento del empleo formal 2014-2015​​​Cálculos de EAFIT basados en el DANE, gran encuesta integrada de hogares. Empleo informal: ocupados privados, distintos a profesionales y técnicos independientes, en empresas de hasta cinco trabajadores (incluye a todos los trabajadores sin remuneración en empresas o negocios de otros hogares). Empleo formal: ocupados privados en empresas de más de cinco ocupados (salvo trabajadores sin remuneración en empresas o negocios de otros hogares) más técnicos y profesionales independientes más ocupados del gobierno.​​

En las trece principales áreas metropolitanas tomadas de manera agregada, el empleo formal disminuyó ligeramente durante el primer semestre 2015 pero se recuperó, con creces, durante el segundo (gráfico 2, panel A). Desestacionalizando las cifras, entre el cuarto trimestre 2014 y el segundo 2015 se perdieron 22.000 plazas formales de trabajo (el 0.4%), plazas que se habían recuperado todas y más (169.00) para el cuarto trimestre. De tal manera que, en promedio, durante el año pasado el volumen del empleo formal terminó creciendo 2.8% (vs. 5.0% en 2014).

Ese comportamiento fue el resultado de un rápido crecimiento, durante todo el año, de su componente menos educado, con bachillerato o menos y de una caída del más educado dotado de alguna formación superior. En efecto (panel B), el primero, el menos educado, que se había elevado a una tasa media del 2.6% en 2014, se aceleró considerablemente durante 2015 (8.1%). En cambio, el segundo, el más educado, que había crecido a una tasa media del  7.3% en 2014, decreció el año pasado (una media del -1.6%). Para el último trimestre (ver panel C), el crecimiento anual puntual del primero alcanzaba el 7.3% y el del segundo fue negativo (-1.2%). No obstante, el empleo formal más educado había comenzado a recuperarse de su caída desde el tercer trimestre del año, recuperando durante los tercero y cuarto trimestres el 70% del volumen perdido en los dos primeros.

Debe destacarse que el dinamismo del empleo formal menos educado durante 2015 fue excepcional. En efecto (panel D) su tasa de ocupación (empleo frente a la PET total) había oscilado entre 2007 y 20014 alrededor de una media del 14.3%; pero en 2015 se disparó alcanzando su mayor pico histórico desde 2007 (15.5%) y eso en el mismo momento en que la economía urbana se desaceleraba. Ello exige una explicación.    

3. Inflación y salarios

La inflación, medida por las variaciones anuales en el IPC, ha venido acelerándose desde 2014; durante 2015 osciló alrededor de una media del 4.5% entre febrero y agosto antes de elevarse al 5.4% en septiembre y al 6.77% en diciembre (gráfico 3, panel A);  los datos de enero del año en curso arrojan una tasa anual todavía más alta (7.46%).

Este bote inflacionario afectó negativamente el valor real de los salarios, el mínimo legal y los salarios formales. Para los trabajadores formales más educados los salarios se redujeron considerablemente durante el año pasado, más en términos reales que en salarios mínimos (panel B). Los de los menos educados, sea que se expresen en términos reales o en salarios mínimos habían bajado ya en 2014; en 2015 se estabilizaron durante el primer semestre del año y se elevaron en el segundo.

  • El salario mínimo real (índice=100 en enero 2013 y 103.1 en enero 2015) apenas cayó ligeramente hasta julio del año pasado (102.8); pero para diciembre había bajado ya a 100.8, Ver panel A.
  • El salario (la mediana) real de los trabajadores formales con alguna educación bajó todavía más. Pasó de un índice de 103.7 en octubre-diciembre 2014 a uno de 93.7 en  agosto-octubre 2015 (una reducción del 9.8%); a pesar del ligero repunte de fines del año, ese índice seguía siendo 95.2 en septiembre-noviembre. Ver panel B.
  • Por su parte, el salario mediano real de los trabajadores formales sin educación superior que había caído 2.4% entre comienzos y finales de 2014, en 2015 permaneció relativamente estable durante el primer semestre, antes de que, por la presión de la mayor demanda y la escases de oferta diestra, empezara elevarse, volviendo para fines del año a un nivel similar al de comienzos 2014 (panel C). ​

Gráfico 3. Salario mínimo y salarios formales en las trece ciudades principales​

​​Fuente: DANE; gran encuesta integrada de hogares. Los salarios de los trabajadores formales (en realidad sus ingresos laborales, porque incluyen tanto los de los asalariados como los de los no asalariados) han sido procesados por EAFIT a partir de las cintas de las encuestas del DANE (las que disponemos llegan hasta septiembre-noviembre 2015). Se trata de las medianas por trimestres móviles estimadas a partir de los datos salariales que ofrecen los informantes (no se hicieron imputaciones para los no informantes) y que incluyen remuneraciones en dinero y en especie y diversas prestaciones por las que indaga la encuesta de hogares. Esos salarios se deflactaron por el IPC o se expresaron en salarios mínimos legales.​​​

4. ¿Porque subió en 2015 el empleo formal sin educación superior y se redujo el más educado?

La evolución reciente del empleo formal por niveles educativos depende de las diferentes características de las funciones de demanda (también de las de la oferta). Aunque se requieren estimaciones econométricas (un ejercicio  que queda por hacer pues existen series trimestrales desde 2007), el comportamiento aparente de las series (gráfico 4) sugiere lo siguiente:

  • Que la demanda de trabajo formal sin educación superior es poco elástica al valor agregado urbano real (elasticidad mucho menor que la unidad) en consonancia con su menor calidad (panel A). En cambio (panel B) parece responde mucho más, y de manera inversa, a sus salarios propios (reales o expresados en SML).  
  • Que la demanda de trabajo formal con alguna educación superior es muy elástica (elasticidad mayor que la unidad) al valor agregado urbano real, como debe corresponder a un insumo de mayor calidad. En efecto (panel C) las variaciones anuales de la demanda responden casi enteramente y de manera contemporánea a las del valor agregado y son más pronunciadas (se vuelven negativas cuando este último se desacelera). Paralelamente esa demanda parece responder menos y con un rezago largo a sus salarios propios y, en cambio parece sensible, de manera directa, a los salarios formales sin educación superior, es decir de su sustituto (panel D).

De acuerdo con lo anterior  la desaceleración en el crecimiento del valor agregado urbano tuvo pocos efectos sobre el trabajo formal no calificado. En cambio (para una representación teórica y gráfica ver el Recuadro-Anexo.pdf), el impacto del shock inflacionario 2014-2015 fue considerable: redujo el salario real desde 2014 y durante la primera mitad de 2015, es decir desplazó hacia abajo su curva de oferta bajando los salarios reales. Dada la curva de demanda, y dado que el impacto salarial opera con algún rezago, el empleo se elevó durante todo el 2015; con todo, el gran dinamismo de la ocupación y la escases de mano de obra diestra (la curva de oferta se volvió inelástica para volúmenes de empleo sin precedentes) volvieron a elevar los salarios reales en el segundo semestre.​ ​

Gráfico 4. Trece ciudades principales: respuesta del empleo formal por nivel educativo al valor agregado urbano y a los salarios

Cálculos de EAFIT basados en el DANE, gran encuesta integrada de hogares, y en las Cuentas Nacionales trimestrales recientes. Los salarios formales han sido estimados por EAFIT; se trata de de las medianas, por trimestres móviles, calculadas a partir de los datos salariales que ofrecen los informantes y que incluyen remuneraciones en dinero y en especie y diversas prestaciones por las que indaga la encuesta de hogares; en los paneles B y D, los salarios sin educación superior se estimaron en salarios mínimos legales. Las series se desestacionalizaron usando el método Census X-12.​​

Por el lado del trabajo formal calificado, la desaceleración del valor agregado urbano en 2015 desplazó hacia abajo la curva de demanda laboral. 

Dada una curva de oferta estable, el impacto inicial fue una caída en el empleo y en los salarios reales.

Sólo más tarde, en el segundo semestre, el alza que se produjo en el salario real no calificado, por un efecto de sustitución, indujo la recuperación parcial de este empleo y de sus salarios.

Un efecto de sustitución similar se había presentado entre el cuarto trimestre 2009 y el primero 2010 (ver de nuevo el gráfico 4C). La recuperación en el crecimiento del valor agregado urbano generó una respuesta excepcionalmente elevada en el empleo calificado. Fue un efecto rezagado de sustitución ante el alza, del segundo semestre de 2009, en el valor real del salario mínimo y del salario real no calificado.

5.  Informalidad, desempleo y participación laboral en las 13 ciudades   ​

Gráfico 5. Trece ciudades principales: participación laboral, desempleo e informalidades

Fuente: DANE, gran encuesta integrada de hogares (datos publicados) y estimaciones de EAFIT a partir de las cintas de las encuesta de hogares. Estas últimas sólo llegan hasta septiembre-noviembre.​​

En el agregado de las trece ciudades el porcentaje de informalidad del empleo (gráfico 5, panel A) se había elevado durante el primer semestre 2015. Pero durante el segundo semestre   se redujo fuertemente alcanzando en octubre-diciembre un punto mínimo desde 2007. Esa reducción fue liderada por la de los trabajadores menos educados (panel B), pues, cuando las plazas formales de trabajo aumentan como pasó en 2015, los informales prefieren cambiar de estatus, arriesgándose a buscar un trabajo formal por la vía del desempleo. Para los más educados la informalidad, que es mucho menor, se elevó oscilando alrededor de una media mayor que la del segundo semestre del año pasado y sólo comenzó a reducirse al final del año. 

Para la población carente de estudios superiores la tasa de desempleo había bajado en 2014 (panel C) pues su empleo formal venía elevándose rápidamente. En 2015 experimentó altibajos alrededor de una media del 9.8%, similar al nivel de finales de 2014.  Durante el segundo semestre se elevó (10.0% en septiembre-noviembre) por el desplazamiento de los informales al desempleo. En cambio, para los más educados y frente a 2014, el nivel del desempleo fue mayor la mayor parte del año (por la reducción de su empleo formal y sólo comenzó a bajar a fines del año con la recuperación parcial de este último; para septiembre-noviembre su tasa desestacionalizada de desempleo era ya del 9.4%.

La tasa de participación laboral total en las trece ciudades (panel D) se mantuvo bastante estable entre enero y mayo de 2015, exhibiendo un valor medio de 68.4%. Desde entonces su nivel se redujo (68.0% en octubre-diciembre). La caída reciente en la participación total ha contribuido a mantener a raya el desempleo.​

  • La participación de la población carente de educación superior subió hasta mayo empujada alza de su tasa de ocupación (efecto trabajador alentado) y desde entonces se redujo debido al efecto negativo (trabajador excedente) del mayor empleo formal y, por tanto de los mayores ingresos por hogar.
  • Por su lado, la participación laboral de la población con alguna educación superior se había reducido mucho en el primer semestre 2015: del 83.3% en septiembre-noviembre 2014, a un promedio de 82.2% en los dos primeros trimestres (a falta de empleo formal y con salarios a la baja esta población pudo darse el lujo de aplazar su participación laboral hasta que mejoraran las condiciones). En el segundo semestre volvió a elevarse (82.8% en septiembre-noviembre) respondiendo a la recuperación parcial del empleo formal calificado.

 

6. Empleo formal por ramas en las trece ciudades

La recuperación del empleo formal en las 13 ciudades fue más marcado en el cuarto trimestre que en el tercero (desestacionalizando los datos: 120.900 plazas más vs. 72.300). El desempeño por ramas  se puede apreciar en el gráfico 6.

  • Entre el segundo y el tercer trimestre solo la rama de los inmuebles/servicios a las empresas redujo sus plazas formales de trabajo; las demás las elevaron  (en conjunto en 81.100). El mayor aporte a esta última creación bruta de empleo formal corrió por cuenta de las industria (46.5%), la construcción (21.6%) y el transporte-almacenamiento-comunicaciones (15.4%).
  • Entre el tercero y el cuarto trimestre el empleo formal se redujo en tres ramas: el transporte, la construcción (que en las ciudades perdió la función anti cíclica del tercer trimestre) y las finanzas, ramas que, en conjunto, perdieron 93.800 plazas. En cambio se elevó en las demás (214.700). El mayor aporte a esta creación bruta lo hizo la rama de los inmuebles y servicios a las empresas (37.6%); los servicios sociales, comunales y personales (36.7%) y el comercio-hotelería (15.3%); la industria solo aportó el 10.2%.

Gráfico 6. Empleo formal por ramas en las 13 ciudades principales​

Fuente: cálculos de EAFIT, con base en los datos publicados por el DANE (gran encuesta integrada de hogares)

7. Cuatro ciudades principales y nueve intermedias

Aunque con rasgos comunes, el comportamiento del mercado laboral en 2015 presentó considerables diferencias no solo en cada una de las diferentes ciudades (análisis que no se hará en este trabajo) sino también por grupos de ciudades: las cuatro principales (Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali, tomadas de manera consolidada) y las nueve ciudades intermedias (Bucaramanga, Cartagena, Cúcuta, Pereira, Ibagué, Villavicencio, Manizales, Pasto y Montería). Ver gráfico 7.

La desaceleración del crecimiento anual medio del empleo formal en 2015 fue más pronunciada en las cuatro principales: 2.4% vs. 5.6% en 2014 y más moderada en las nueve ciudades intermedias: 2.8% vs. 5.2%. Compárense los paneles A y B. En las primeras se redujo en el primer semestre y se recuperó vigorosamente en el segundo. En las nueve intermedias, se elevó durante todo casi el año aunque a un ritmo menor que el del 2014 y con oscilaciones trimestrales (alza en el primero, baja en el segundo;  nueva alza en el tercero y cuarto).

En las cuatro ciudades principales el empleo formal menos educado aumentó durante todo el año (panel C); en cambio el más educado cayó en los primeros tres trimestres y repuntó parcialmente en el cuarto. En las nueve intermedias (panel D), el empleo formal menos educado presentó grandes fluctuaciones pero se elevó en el año por encima del más educado que también creció en vez de bajar; esas oscilaciones fueron inversas a las de este último​.

Los salarios reales de los trabajadores formales más educados se redujeron considerablemente en ambos casos. En las cuatro principales desde comienzos 2015; en las nueve intermedias desde mediados del año. Pero la evolución de los salarios reales de los trabajadores formales menos educados  fue muy distinta. En las cuatro ciudades habían caído en la segunda mitad de 2014, se estabilizaron en la primera mitad de 2015 y en el segundo semestre se dispararon. En cambio las nueve ciudades intermedias lograron estabilizar, dentro de fluctuaciones cortas, su valor medio anual, recurriendo a una gran rotación de personal (reemplazando estos trabajadores por más educados cuando sus salarios subían y enganchándolos de nuevo cuando bajaban). El costo  de esta gran rotación fue un crecimiento anual medio menor del empleo formal menos educado que el registrado en las cuatro ciudades principales (5.4% vs. 8.4% hasta noviembre)​.​

Gráfico 7. Principales variable laborales en las cuatro ciudades principales y en las nueve intermedias

Fuente: DANE, gran encuesta integrada de hogares (datos publicados) y estimaciones de EAFIT a partir de las cintas de las encuesta de hogares; estas últimas sólo llegaban, en el momento de redactar este informe, hasta septiembre-noviembre. Los salarios formales han sido estimados por EAFIT; se trata de de las medianas, por trimestres móviles, calculadas a partir de los datos salariales que ofrecen los informantes y que incluyen remuneraciones en dinero y en especie y diversas prestaciones por las que indaga la encuesta de hogares; en los paneles E, F, G y H.  los salarios se expresarion en tèminos reales (usando como deflactor el IPC nacional) y en salarios mínimos legales.​

En las cuatro principales ciudades, la informalidad del empleo se redujo desde mediados del año y el desempleo medio, aunque fluctuante,  se elevó pero siguió siendo inferior al 10% (panel I); en las nueve intermedias (panel J) la informalidad, cuyo nivel medio fue inferior al de 2014, experimentó grandes fluctuaciones,  mientras que el desempleo se redujo. En las cuatro principales ciudades (panel K) y por niveles educativos, el año terminó con un desempleo mayor para los menos educados menor para los más educados (10.2% vs. 9.0%). Lo inverso (panel L) sucedió en las ciudades intermedias. 9.7% vs. 10.6%.

8. Conclusiones

1. Durante el año 2015, el crecimiento real del PIB se desaceleró sustancialmente: 4.6% en 2014; 3.0% en promedio en los primeros tres trimestres 2015 (último dato disponible a la fecha). Muchos indicadores macroeconómicos sugieren que seguirá estando en 2016 en el orden del 3.0%

2. La desaceleración económica se ha hecho sentir con toda fuerza en el mercado laboral rural: caída considerable del empleo asalariado; alza del no asalariado, de peor calidad. 

3. En cambio, en las trece ciudades, el impacto medio sobre el empleo formal, fue más moderado. No se trató de una caída sino de una desaceleración y fue pasajero: cayó en el primer semestre y se recuperó con creces en el segundo. Aunque fluctuante, la tasa media de desempleo se mantuvo por debajo del 10% y la informalidad del empleo que había subido hasta el segundo trimestre, se redujo otra vez en resto del año alcanzando un mínimo histórico desde 2007. 

Fue el resultado del rapidísimo aumento del empleo formal menos educado (crecimiento medio anual del 8.1% vs 2.6% en 2014), que llevó su tasa de ocupación a sus máximos niveles desde 2007 y que neutralizó con creces la reducción del empleo formal más calificado que se había producido en la mayor parte del año. Por su lado, el empleo formal más educado que responde más a la desaceleración el PIB se redujo durante la mayor parte del año y solo comenzó a recuperase al final.

4. La aceleración de la inflación había abatido en 2014 el salario mínimo y los salarios reales de los trabajadores formales menos educados y, en 2015, permitió estabilizarlos hasta mediados del año (caso de las trece y las cuatro ciudades principales) Como la demanda laboral de los mismos responde, con algún rezago, a sus salarios, ello fomentó el rápido crecimiento del empleo durante todo el año pasado. Aunque durante el segundo semestre la inflación se aceleró, el auge del empleo formal menos educado, ante la escases de mano de obra diestra, terminó por elevar otra vez sus salarios, reales o expresado en salarios mínimos legales. 

5. Lo que pueda pasar durante el año en curso (2016) dependerá de varios factores. 

Por el lado del crecimiento del PIB se espera, en un escenario optimista, que se mantenga un crecimiento cercano al 3%, el mismo del 2015. Por el lado del salario mínimo legal, el piso del salario formal menos educado, y de la inflación hay que considerar varios escenarios.

El salario mínimo nominal ha sido aumentado en el 7.0% (pero hay varias querellas en curso para revisar al alza esta cifra); si la inflación se acelerara el resto del año, después de una alza pasajera en los primeros meses, su valor real terminaría bajando adicionalmente.

Si no, si la inflación pudiera mantenerse a raya, el valor real del salario mínimo podría estabilizarse o, incluso, elevarse ligeramente. 

En cualquier caso, por el lado laboral hay una diferencia en las perspectivas del 2015 y el 2016. En el agregado de las trece ciudades, al iniciarse el 2015 los salarios formales menos educados, reales o en expresados en SML, estaban en un nivel mínimo. Ahora, después del auge de este tipo de empleo y la escases de mano de obra diestra que produjo, han regresado a sus niveles de 2013. No parece pues probable que el rápido crecimiento de este empleo pueda proseguirse este año; si así fuera el desempleo y la informalidad podrían elevarse otra vez, terminando por reflejar la verdadera magnitud de la desaceleración económica.​

​​​6. Corolario.  Para finales del año 2015, promovida, con rezago por la mayor inflación y la caída en el salario mínimo real, la tasa de ocupación de los trabajadores formales menos educados había alcanzado un hito histórico; sus salarios reales que habían bajado en el primer semestre terminaron por elevarse otra vez en el segundo semestre (mediana de 1.34 SML en septiembre-noviembre) y la informalidad de su empleo tocó el piso más bajo desde 2007. Menor informalidad, más empleo formal y mejores salarios; la pobreza de esta población, la más vulnerable, debió haber bajado. Se trata de algo que debe poner a pensar a los partidarios de subir y subir el salario mínimo real. Naturalmente la inflación no es el mejor expediente para obtener esos resultados pues no pueden ser sino transitorios. Hay mejores alternativas: estabilizar durante un período largo el salario mínimo real para elevar en el largo plazo el empleo menos educado y mejorar la capacitación laboral, para evitar cuellos de botella por el lado de la oferta y, vía una mayor productividad, mejorar su salario medio. Ya será para el futuro porque, para el año en curso, los dados ya están echados.​​


Este artículo fue inicialmente publicado en la página de la Universidad EAFIT, Esc. de Economía y Finanzas en el Bulletin News del Febrero 24, 2016.

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