Mujeres y niños primero: los cierres de preescolares los afecta desproporcionadamente

Keyword: 
Education
Topic: 
Education - Health


Este post apareció originalmente en el blog Primeros Pasos – Blog del BID sobre Primera Infancia, el 8 de Noviembre del 2021.


América Latina y el Caribe ha sido la región más afectada por los cierres de las escuelas.

De todos los niños, niñas y adolescentes que perdieron un año escolar completo debido a los cierres por la pandemia, el 60% vive en América Latina y el Caribe. Si bien algunos países han avanzado con la reapertura, UNICEF estima que a un año y medio del inicio de la pandemia, cerca de 86 millones de niños, niñas y adolescentes siguen fuera de las aulas en la región. Las pérdidas pueden medirse en numerosos indicadores: caídas del PBI, efectos en la salud mental de los cuidadores y estadísticas educativas, entre otros. Estos fríos números muestran dos claros perdedores: los niños de sectores vulnerables y las mujeres, particularmente las que no cuentan con apoyo. 

El concepto original de los jardines de infantes

A mediados del siglo XIX, el jardín de infantes llegó a la Argentina con las maestras de Estados Unidos que vinieron de la mano de Domingo Faustino Sarmiento. Estos espacios fueron pensados fundamentalmente como una oportunidad de futuro para los niños de menores recursos. El rol de las mujeres fue crucial en ese ámbito. La escritora y docente Juana Manso planteó concepciones innovadoras como la importancia de la educación mixta y del aprendizaje placentero. “Una escuela jardín no es, como muchos creen, un jardín con flores donde giran los niños bajo glorietas o latadas. Necesítase, en verdad, un buen patio para recreos, resguardado del sol y de la lluvia, y siempre que puedan proporcionarse árboles y enredaderas olorosas será doble ventaja; sin embargo el apodo de ‘jardines’ dado a estas escuelas, proviene de lo agradable que son a los niños por los métodos, que mucho difieren de la rutina rancia”, escribió Manso en 1867. 

Es fundamental recordar la importancia de los jardines de infantes, importancia que Sarmiento y Manso remarcaban hace ya más de 150 años. Hoy sabemos que los costos de interrumpir los servicios que brindan jardines preescolares y escuelas son múltiples y de naturaleza diversa. Un estudio estima que 12 meses de cierre de preescolares costarán en América Latina y el Caribe entre el 6 y el 10% del PIB, dependiendo la subregión.  

Fuente: Costos económicos de las reducciones en los programas preescolares por la pandemia del COVID-19

3 efectos alarmantes del cierre de servicios infantiles presenciales

Además de los recortes en el crecimiento de los países, la interrupción de servicios nos deja tres efectos alarmantes que pueden verse a corto plazo: 

1. Potencial crecimiento del abandono escolar 

Según UNICEF, 13 millones de niños en América Latina y el Caribe no pueden acceder a las clases virtuales. Dentro de los diferentes grupos, los niños en edad preescolar son los más afectados. La falta de conectividad representa una barrera clara para la continuidad escolar de millones de niños en la región. La UNESCO estimaba que en 2020, 23.8 millones de estudiantes se encuentran en riesgo de no volver a los centros de cuidado, escuelas y universidades.  

2. La falta de servicios presenciales afecta a los niños más vulnerables 

El cierre de escuelas y preescolares afecta a todos los niños, pero aquellos que provienen de barrios pobres son los que reciben el mayor impacto, dado que la educación en línea es especialmente problemática para los niños más pequeños, y para aquellos que presentan dificultades para el aprendizaje. Por otra parte, la alteración del entorno de pares es el factor que más contribuye al aumento de la brecha educativa entre ricos y pobres, al disponer estos últimos de menos recursos en casa (libros, juegos didácticos, atención por parte de sus padres) para sustituir su interacción con compañeros de clase. Esta situación de desigualdad de origen se profundiza por la respuesta diferencial de los padres según su nivel de ingreso. 

Los padres de mayores ingresos, que suelen presentar a su vez niveles de formación educativa más altos, están en mejores condiciones para cumplir con las demandas adicionales que plantea la virtualidad.  Además, en algunos países las restricciones a la educación presencial provocaron la proliferación de espacios de enseñanza y cuidado alternativos. Los niños de sectores económicamente privilegiados tuvieron acceso a jardines rodantes, espacios abordados por docentes que contaban con material didáctico. En contraste, en los barrios populares los intentos por replicar espacios de cuidado que suplieran a los jardines fueron sustancialmente más imperfectos al disponer de una cantidad de recursos materiales y técnicos mucho menores. 

 3. La falta de educación presencial afecta más a las mujeres 

En la región, las madres cargan con el mayor peso en la distribución de tareas de cuidado, asimetría que se profundizó con el cierre de escuelas y jardines. Esta medida supone un gran shock, en múltiples órdenes, para todas las familias con hijos, pero la magnitud del shock es más grande para los hogares monoparentales. Por ejemplo, en Argentina el 84 por ciento de este tipo de hogares está a cargo de mujeres. Para tener una idea más clara del impacto del cierre de las escuelas, recordemos que hay cerca de 13 millones de niños en el país. De estos, casi uno de cada tres vive en hogares monoparentales. El 25 por ciento de todos los niños vive solo con su madre, comparado al 4 por ciento que vive solo con su padre. Por lo tanto, el cierre de escuelas impacta sobre las madres en forma muy desproporcionada.  

A más de un año y medio del inicio de las medidas de aislamiento social, muchos jardines y escuelas continúan cerrados  y entre aquellos que han reabierto existe una alta heterogeneidad en cuanto a la presencialidad de las clases. Los protocolos asociados al regreso a las aulas deberían uniformarse más allá de las diferencias socioeconómicas entre las familias, el formato de gestión educativa (estatal o privado), y la localidad del establecimiento educativo. 

El riesgo cero frente al virus lamentablemente no existe en ningún espacio, pero el beneficio epidemiológico de cerrar escuelas y jardines es más bien modesto en comparación a los enormes costos sociales, educativos, económicos, y de salud que genera esta medida, siendo los niños los más afectados. 

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