Persiste la desnutrición

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Education - Health

Hace algunas semanas, leyendo los resultados de un artículo, hubo un dato que, por desolador, capturó mi atención. Lo ofrecía la encuesta de condiciones de vida más reciente de mi país, Ecuador, la que comprobaba que en más de una década, los ecuatorianos no hemos logrado hacer nada para reducir la reducir la desnutrición crónica entre los menores de cinco años.

En 2014, la desnutrición crónica era del 24,4% (¡y de 30,1% en la región Sierra!). Esto quiere decir que, a nivel nacional, uno de cada cuatro niños menores de 5 años se encontraba a más de dos desviaciones estándar de distancia de la talla que debería tener para su edad. Pero, ¿por qué se considera éste un resultado tan grave?

Los expertos coinciden que la desnutrición crónica es la mejor medida del estado nutricional de un niño. En Ecuador, y dependiendo de la fuente citada, ésta se ha mantenido en los mismos niveles (o hasta ligeramente superiores) desde 2004.

La talla por edad captura no solo elementos temporales de la mala nutrición sino también efectos acumulados a lo largo del tiempo. La talla que tiene un niño o una niña de cierta edad se compara con la que él o ella deberían tener. Esta comparación se construye empleando tablas que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), tomando como referencia información de más de 8.500 niños y niñas con un buen estado nutricional de países tan diversos como Brasil, India, Noruega, Estados Unidos y otros.

La desnutrición crónica es problemática y la misma OMS la identifica como una de las barreras más importantes al desarrollo económico. Se asocia no solo con las malas prácticas de alimentación durante la primera infancia (lactancia, introducción de sólidos, cantidad y calidad de alimentos), sino también con la alta frecuencia de enfermedades infecciosas durante los primeros mil días de vida desde el embarazo.

En nuestra región, Guatemala es el país que exhibe tasas de desnutrición crónica más altas: en 2009 todavía cercanas al 48% y aún mayores entre los niños de hogares pobres. Se ha documentado ampliamente que muchos de los efectos de la desnutrición crónica pueden ser irreversibles. Y esto es gravísimo. Quiere decir que la desnutrición crónica tiene efectos a largo plazo. Los impactos de la desnutrición crónica son costosos, tanto desde el punto de vista individual de la persona quien la padeció, como para la sociedad en su conjunto. Entre los efectos, destacan una menor capacidad física y cognitiva, menor productividad, peor estado de salud, y mayor prevalencia de enfermedades crónicas.

La experiencia del Ecuador contrasta con la de otros países de Latinoamérica. Un análisis realizado recientemente por colegas del BID documenta que las tasas de desnutrición crónica han experimentado reducciones muy importantes en varios países de la región en la última década. Países como Brasil, Colombia, El Salvador, Perú y otros han logrado reducciones aceleradas y de magnitud considerable en sus tasas de desnutrición crónica a nivel nacional. Por ejemplo, en Brasil, Colombia y Perú ésta se ubica en 10,5%, 12% y 18%, respectivamente (el dato brasileño corresponde a 2008, el colombiano a 2010, el peruano a 2012). En El Salvador está en un nivel algo más alto, en 20%, pero apenas una década antes se encontraba cercana al 35%.

Estos logros son destacables. No solo por lo acelerado de la reducción en la tasa de desnutrición crónica, sino también porque la magnitud de la reducción es tan grande, que las tasas de desnutrición crónica que se han alcanzado son inferiores a aquellas de países con niveles similares de ingreso.

No obstante, incluso dentro de los países que han logrado reducir la desnutrición crónica, persisten brechas importantes. En Bolivia, El Salvador, Haití y Honduras, la tasa de desnutrición crónica entre los niños de madres con menor educación es más del doble de aquella entre los hijos de madres que tienen educación secundaria o estudios superiores.

Las brechas socioeconómicas son todavía más amplias cuando se compara a los niños del quintil de ingresos más pobre con los del más rico. Incluso países que lograron reducir la desnutrición crónica de forma importante como Perú y El Salvador exhiben brechas grandes, al igual que lo hacen países como Bolivia, Ecuador, Guatemala, México y Panamá. Por ejemplo, en Perú la desnutrición crónica es seis veces mayor entre los niños del primer quintil de ingreso (los más pobres) que entre aquellos del quinto y más próspero. La desnutrición crónica también tiende a ser mayor entre las poblaciones indígenas: en Perú es dos veces más alta entre los niños indígenas que entre los no indígenas.

La investigación llevada a cabo por mis colegas concluye que los logros alcanzados en términos de reducción de la desnutrición crónica en América Latina y el Caribe no pueden explicarse exclusivamente por la bonanza económica que experimentó la región durante la última década. Tampoco los cambios en la estructura demográfica de la población pueden explicar la totalidad de estos resultados.

Otros factores que están asociados a la reducción de la desnutrición crónica en menores de 5 años en la región son el mejor y mayor consumo de nutrientes, pero sobre todo, la reducción del ambiente propenso a enfermedades infecciosas, gracias a mejoras en el acceso y la calidad de los servicios de salud así como al agua y los servicios de saneamiento.

El desafío urgente que enfrenta la región para erradicar la desnutrición crónica está íntimamente ligado con la necesidad de llevar estos servicios, y de hacerlo con calidad, a las poblaciones que, en pleno siglo XXI, todavía carecen de ellos.


Este articulo fue inicialmente publicado en el blog Primeros Pasos – Blog del BID sobre Primera Infancia, el 6 de Julio del 2015.

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