Cómo se explica la resiliencia en las remesas de Centroamérica

Keyword: 
Conditional cash transfers
Topic: 
Financial Economics

Uno de cada diez habitantes de Centroamérica vive fuera de su país, una alta tasa de emigración que hace a la región muy dependiente del flujo de remesas familiares. Sólo en 2019, México, Centroamérica y República Dominicana recibieron cerca de US$74.000 millones por remesas, un récord histórico que dobló el promedio de América Latina y el Caribe (12,7% del PIB frente al 6,3%).

Las remesas de Centroamérica provienen principalmente de Estados Unidos, especialmente para México, El Salvador y Guatemala, de dónde llegó más del 95% de sus remesas. De acuerdo a datos de BID Lab, se benefician de las remesas internacionales 1 de cada 5 salvadoreños, 1 de cada 10 guatemaltecos y 1 de cada 6 hondureños. Los hogares las usan principalmente para cubrir necesidades básicas como alimentación, gastos de salud y educación. De hecho, las remesas representan el 38%, 44% y 50% de los ingresos del hogar receptor para Honduras, Guatemala y El Salvador, respectivamente.

¿Cómo podía ser posible mantener estas cifras en el contexto de una crisis económica mundial? De ninguna forma: a inicios de la pandemia, el Banco Mundial proyectaba una caída de 20% y la CEPAL de entre 10 y15% para esta región en 2020, advirtiendo que podrían pasar entre 4 y 8 años para que retomen el monto alcanzado en 2019.

Y efectivamente, las remesas se desplomaron en marzo y abril al monto mensual más bajo del año, cayendo 40% en El Salvador, 20% en Guatemala, 28% en Honduras y 33% en República Dominicana solo en el mes de abril. México fue una excepción, con una caída anual de solo 2% de las remesas en abril (Figura 1).

Sin embargo, y contra todo pronóstico, el envío de remesas empezó a recuperarse a partir de mayo. Es cierto que para el Salvador y Honduras estos repuntes todavía no llegan a compensar las caídas de marzo y abril, pero México y República Dominicana lograron ya registrar una variación positiva en su acumulado del año con relación al año anterior. Caso aparte es el de Haití, donde las remesas enviadas por canales formales mantuvieron una tendencia creciente en los primero siete meses del año, creciendo a un ritmo anual de 19%.

¿Cómo explicar la resiliencia de las remesas en Centroamérica? Podemos identificar tres factores principales.

Primero, la caída experimentada en marzo y abril fue el resultado de la pérdida de empleos (9,5 millones en Estados Unidos entre marzo y agosto) e ingresos en los sectores donde laboran en su mayoría los migrantes de la región: construcción, comercio minorista, servicios de educación y salud, entretenimiento, restaurantes y hoteles. En consecuencia, la tasa del desempleo latino alcanzó en abril su nivel más alto desde que se tiene registro, un 18,6%. Sin embargo, a medida que se reactivaron las actividades económicas en los estados que concentran a la mayoría de migrantes de la región (California, Texas, Arizona, Nueva York, New Jersey y Florida), el desempleo latino se redujo gradualmente para alcanzar 10,5% en agosto y las remesas repuntaron.

Segundo, el gobierno federal proporcionó una subvención única de US$1,200 por individuo, así como un seguro de desempleo de US$600 por semana a través del Coronavirus Aid, Relief, and Economic Security (CARES) Act para complementar la ayuda de los gobiernos locales (Figura 2). Este alivio económico ha permitido mitigar el impacto negativo de la crisis sobre los ingresos de los migrantes formales en el segundo trimestre. Para algunas profesiones, la combinación de los seguros de desempleo local y federal superaban el salario anteriormente percibido.

En tercer y último lugar, es importante tomar en cuenta el rol contracíclico de las remesas para suavizar la pérdida de ingreso de sus familiares o en anticipación a esta. Este rol parece reflejarse en el nivel histórico de remesas recibidas en México y Haití en el primer semestre del año.

De forma general, la evidencia estadística sugiere que el flujo de remesas hacia la región depende en buena medida de la masa salarial hispana, que a su vez depende de lo que ocurra con el PIB en Estados Unidos, de la inflación y del nivel de actividad económica en la localidad en la que viven los migrantes. Esto significa que la evolución futura del envío de remesas está sujeta al manejo de la crisis en las localidades en las que residen los migrantes, pero también del apoyo financiero adicional del gobierno federal. Aún existe mucha incertidumbre sobre la capacidad de limitar los contagios a nivel local y reactivar los sectores que generan empleos. Por otro lado, el CARES venció a finales de julio, dejando a los beneficiarios con una protección social limitada. Al momento, al interior de las cámaras del Congreso se está discutiendo la posibilidad de una subvención adicional y una prórroga del seguro de desempleo.

Considerando que la evolución de los contagios no se deteriorara, permitiendo así una recuperación económica moderada en Estados Unidos (con una caída semestral de 5% para el PIB y 6% para el empleo hispano), se podría esperarse que la reducción en el año de las remesas hacia la región de México, los países del Triángulo Norte y República Dominicana fuese moderada con una tasa de alrededor de 3% (ver Figura 3), incluso pudiendo llegar a no contraerse en un escenario algo más optimista. Ahora bien, ante la importancia de las remesas para la región no debemos dejar de lado la agenda para reducir su costo de envío con el fin de que llegue al beneficiario el mayor monto posible. Algunos mecanismos para hacerlo se discuten en una publicación reciente del BID.

En suma, esperamos que el desempeño de las remesas en este año sea más alentador de lo que se previó inicialmente, lo que es un factor muy positivo en la lucha contra la pobreza en un entorno lleno de retos para la región.

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