Transferencias monetarias y desarrollo infantil, ¿persiste el impacto a través del tiempo?

Keyword: 
Conditional cash transfers
Topic: 
Education - Health
Financial Economics

Los países de América Latina han invertido importantes esfuerzos y recursos en la implementación de programas de transferencias monetarias focalizados hacia la población más pobre, en particular mujeres embarazadas, hogares con niños pequeños y en edad escolar. Algunas evaluaciones de programas en países como Nicaragua o Ecuador, encontraron que, en el corto plazo, los programas de transferencias monetarias tuvieron impactos positivos sobre diferentes dimensiones del desarrollo infantil. Es por esto que en un artículo publicado recientemente, mis colegas y yo nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Pueden las transferencias monetarias ayudar a que los hogares escapen de una trampa intergeneracional de pobreza?

Para responderla, exploramos uno de los mecanismos por los cuales se pensaría que este tipo de programa es capaz de romper dicha trampa: la inversión en capital humano. Si estos programas logran incentivar a las familias a que inviertan en la salud y la educación de sus hijos desde pequeños, se esperaría que, de adultos, ellos tendrían mejores empleos, ingresos y estado de salud y, por tanto, alcanzarían un mayor nivel de bienestar.

¿Es esto lo que ha ocurrido en la práctica?

En nuestra investigación, exploramos el caso concreto del Bono de Desarrollo Humano (BDH) en Ecuador, uno de los programas de transferencias más antiguos de la región. Una de sus características es que, a diferencia de otros países, el BDH es un programa de transferencias monetarias no condicionadas al cumplimiento de requisitos en salud o educación. Hasta 2014, el BDH otorgaba a cerca del 40% de la población del país una transferencia mensual de 50 dólares por familia. El monto de la transferencia no es pequeño: representaba alrededor del 15% del salario básico en el país en 2014. A nivel global, el gasto en transferencias representaba menos del 1% del PIB.

Nuestra investigación se concentra en los resultados del ámbito educativo, enfocándose en diferentes grupos etarios que atravesaban momentos clave en el ciclo de vida al momento en que sus familias empezaron a recibir el BDH: la primera infancia y la transición entre la educación primaria y la secundaria. Por tanto, se pensaría que estos grupos podrían ser más susceptibles a los beneficios de esta transferencia.

Impacto de las transferencias no condicionadas a largo plazo.

Los resultados sobre los efectos del BDH en niños cuyas familias lo recibieron durante la primera infancia son poco alentadores. Encontramos que, 10 años más tarde, estos niños no se desempeñan mejor que sus pares que recibieron el BDH tres años después en una amplia gama de dimensiones, entre ellas: lenguaje, matemáticas, atención, memoria de trabajo, fluidez de recuperación y problemas de comportamiento.

Para explorar los impactos de largo plazo de BDH sobre la cohorte de niños cuyas familias lo recibieron cuando estaban transitando de la primaria hacia la secundaria, comparamos al grupo que se encontraba justo por encima del umbral de elegibilidad con aquel justo por debajo del mismo umbral en dimensiones como el rendimiento escolar y el empleo en el momento en que estos niños son ya adultos jóvenes, de entre 19 y 25 años de edad.

Encontramos que los adultos jóvenes de los hogares que recibieron el BDH completan la secundaria con mayor frecuencia que aquellos que no lo hicieron, aunque la diferencia es muy modesta en magnitud, apenas de entre 1 y 2 puntos porcentuales sobre un nivel del 75%. Al separar por género, observamos que los impactos solo son significativos entre las mujeres.

En lo que se refiere a resultados en el ámbito laboral de estos adultos jóvenes, no encontramos que las transferencias no condicionadas del BDH hubiesen aumentado su empleo. Y esto no se debe necesariamente a que quienes recibieron el BDH aparecen matriculados con mayor frecuencia en la educación superior. En otras palabras, las transferencias monetarias evitaron que una pequeña fracción de mujeres abandonara la escuela antes de completar la secundaria, pero no tuvieron un efecto sobre su educación posterior o su empleo.

Estos resultados sugieren que el impacto del BDH sobre los resultados educativos, el aprendizaje y el empleo de los niños y jóvenes en Ecuador ha sido modesto y no es muy alentador de cara a la posibilidad de que ellos logren romper la trampa intergeneracional de la pobreza. Personalmente, estos resultados me recuerdan la importancia de que los mayores ingresos del hogar que pueden promoverse por la vía de las transferencias vengan acompañados de mejores servicios -de salud, de educación, de nutrición, de apoyo parental, por nombrar unos pocos- para lograr cambios en los resultados finales sobre el estado de salud, el aprendizaje y el logro escolar de los niños quienes, gracias a las transferencias, tienen un mayor acceso a estos servicios.

Si bien estos resultados tienen base específicamente en el programa de Ecuador, que utiliza transferencias monetarias no condicionadas, colegas del BID han encontrado resultados alentadores en aquellos programas que sí estan condicionados. En esta publicación, se puede apreciar cómo funcionan y a quiénes sirven.


Este articulo fue inicialmente publicado en el blog Primeros Pasos – Blog del BID sobre Primera Infancia, el 20 de Marzo del 2017.

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