Tres claves para garantizar una vejez digna en América Latina y el Caribe

Keyword: 
Pensions
Topic: 
Labor

En las últimas décadas, muchos países de América Latina y el Caribe han dado importantes pasos para garantizar una vejez digna para nuestros ancianos. Como subraya la nueva publicación del BID “Pulso Social”, las condiciones sociales de nuestros mayores han cambiado. Cada vez es más frecuente que los ancianos vivan solos o con su cónyuge, sin el apoyo de un hogar intergeneracional. Y por eso es más importante garantizarles un ingreso digno. Entre 2002 y 2014 el número de adultos mayores  (más de 65 años) que reciben una pensión aumentó en un 50% en el promedio de la región. Aunque aún existen grandes diferencias entre los países , esta mejora en la cobertura previsional se explica, en la mayoría de los casos, por decisiones de política para potenciar las pensiones no contributivas. Pero ¿qué factores incidirán en la calidad de vida que podamos asegurar para nuestros mayores?

El aspecto demográfico

América Latina y el Caribe aún cuenta con una población joven, comparada con otras regiones del mundo. Pero el aumento de la esperanza de vida y la disminución de la natalidad van a implicar un progresivo envejecimiento de la población. Para 2050, la proporción de población mayor de 65 años será 4 veces mayor que hoy día. Como muestra este video de Lacea, en poco más de 3 décadas, por cada persona mayor de 65 años de la región sólo habrá tres personas en edad de trabajar: exactamente tres veces menos que en la actualidad. Por eso, como contábamos en una entrada anterior, el envejecimiento de la región se convertirá en un tsunami que pondrá en peligro la sostenibilidad de los actuales sistemas de pensiones. (ver video: ¿Son sostenibles las pensiones de América Latina y el Caribe?)

¿Gastar más, o gastar mejor?

El video también evidencia las fallas de diseño de algunos de los actuales sistemas de pensiones. El costo previsional ya es significativo dentro de los presupuestos de algunos países, a pesar de que, proporcionalmente, la población de adultos mayores es aún baja. Eso nos obligará a adaptar los actuales sistemas a la nueva realidad laboral y social de la región. El debate es complejo, porque cualquier sistema de pensiones debe lograr un equilibro –a menudo, bastante complejo– entre tres aspectos principales: la cobertura (cuánta población tiene garantizada una pensión cuando se jubile), la adecuación (que esas pensiones aseguren un ingreso suficiente y sean equitativas), y la sostenibilidad (que cuadren las cuentas de lo que cuestan las pensiones y los ingresos para financiarlas).

La hora de actuar

En 2013 ya publicamos en este blog que adecuar los sistemas de América Latina y el Caribe era una cita impostergable. En aquel momento, la región registraba unos ritmos de crecimiento sin precedentes que, sumados al bono demográfico, permitían abordar nuevos diseños en los sistemas de pensiones con importantes beneficios económicos y, aún más importante, en términos de equidad social. Tres años después, muchos de esos cambios siguen pendientes, y el tiempo para actuar se ha acortado. La experiencia de Italia y Grecia de los últimos años nos demuestra que las reformas acaban sucediendo, a veces de manera drástica y dolorosa. La región aún tiene la oportunidad de repensar sus esquemas de pensiones para asegurar que nuestros mayores puedan vivir la vejez con dignidad.


Este articulo fue inicialmente publicado en el blog Mejorando Vidas – Blog del BID sobre el trabajo, el 6 de Diciembre del 2016.

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