Complexity and the Art of Public Policy: Solving Society’s Problems from the Bottom Up

Topic: 
Macroeconomics - Economic growth - Monetary Policy
Review by: 
Eduardo Lora
Year: 
2014
Author(s): 
David Colander
Roland Kupers
Publisher: 
Princeton University Press
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Los problemas sociales son mucho más complicados de lo que es posible modelar con las herramientas analíticas tradicionales que tenemos los economistas. Los economistas clásicos, empezando por Adam Smith tenían una visión muy profunda de las complejidades sociales, que se fue perdiendo en la medida en los modelos formales desplazaron los enfoques filosóficos y humanistas que inspiraban a los clásicos.

En la actualidad la economía se estudia prácticamente sólo con base en modelos matemáticos formales, lo cual en sí mismo no sería grave si el instrumental matemático estuviera al nivel que requiere la complejidad de los problemas actuales. Desafortunadamente no es así: para utilizar un símil que aparece en el libro, los modelos matemáticos que usan los economistas son como los autos que uno puede encontrar en La Habana: preciosamente mantenidos pero irremediablemente atrasados tecnológicamente. (Y valga decir que el símil se refiere en el libro a los modelos de equilibrio general dinámico-estocástico, o DSGE, en boga en macroeconomía, no a los modelos hidráulicos aún más burdos que tienen en la cabeza la mayoría de los macroeconomistas practicantes).

Colander es un economista muy conocido por sus visiones críticas por la forma como se enseña la economía. Kupers es un físico que ha contribuido a desarrollar las teorías de la complejidad. En este libro han combinado sus visiones y talentos para mostrar de forma ágil y aguda las limitaciones que enfrenta la economía para entender la naturaleza de los problemas económicos más fundamentales, tales como las crisis financieras, o como la persistencia de comportamientos individuales contrarios a los intereses de los mismos individuos, o como la impredecible (y reducida) eficacia de la mayoría de las políticas sectoriales.

Los modelos económicos ven el mundo como un engranaje de piezas con formas y relaciones establecidas (o al menos predecibles), en donde pueden ser operadas algunas palancas para obtener (con ciertas probabilidades) algunos resultados. En estos modelos los individuos son racionales y sus objetivos y gustos están definidos de antemano; las instituciones vienen predeterminadas exógenamente y los gobiernos saben cuáles son sus objetivos y con qué instrumentos cuentan. Pero los fenómenos sociales rara vez encajan dentro de este esquema. Hay relaciones dinámicas no lineales ni predecibles, la interacción entre el gobierno y los agentes económicos es fluida y no responde a reglas ni objetivos fijos, y los incentivos económicos pueden influir o no en los comportamientos en la forma esperada.

El libro introduce al lector a los conceptos y las posibilidades básicas de la teoría de la complejidad y muestra con numerosos ejemplos reales la relevancia de este enfoque, nuevo para los economistas, pero con sólidos desarrollos en diversas áreas de la ciencia, incluyendo la física, la biología y la psicología.

Todo esto puede sonar como tema para algún curso de postgrado o para una investigación de doctorado. Nada más contrario al espíritu del libro. Los autores muestran muy bien que si todo esto suena esotérico para los economistas, es porque carecemos de la formación básica para ver el mundo con este ángulo, y porque el enfoque formalista y matemático en el que están siendo educados los economistas no solamente está atrasado, sino que está siendo enseñado con exclusión de otros enfoques que son necesarios para poder ver los problemas económicos y sociales de manera más realista.

Al final del libro aparece la estructura curricular básica que según los autores deberían tener los estudios de economía de pregrado: habría módulos de cursos de estadística y sociometría; teoría moderna de juegos (que no se basa en racionalidad económica); teoría y matemáticas de complejidad; filosofía y metodología de la ciencia; y humanidades.

Todo profesor y académico de la economía debería leer este libro y preguntarse seriamente si tiene sentido la forma como está haciendo su trabajo.

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