El Desarrollo Económico de América Latina desde la Independencia

Topic: 
Macroeconomics and Monetary Policy
Year: 
2013
Review by: 
Eduardo Lora
Author(s): 
Luis Bértola
José Antonio Ocampo
Publisher: 
Fondo de Cultura Economica USA
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Los políticos y los economistas deberíamos saber más de historia económica porque, como dijo Marx, quien no conoce la historia está condenado a repetirla. La historia nos permite entender los legados institucionales que hemos heredado, de los cuales dependen las relaciones de poder que observamos en la actualidad, así como las actitudes de los ciudadanos ante el Estado, ante la iniciativa privada y ante la desigualdad.

Luis Bértola y José Antonio Ocampo acaban de publicar un libro excelente sobre “El Desarrollo Económico de América Latina desde la Independencia” que cubre en apenas 300 páginas, en una prosa directa y concisa, los cuatro grandes períodos de la historia económica de la región: la post-independencia (1810-70), la primera globalización (1870-1929), el período de industrialización liderada por el Estado (1929-80), y la crisis de la deuda y la nueva globalización (1980-2010).

El mayor logro del libro es ofrecer una visión coherente de lo que ocurrió en cada uno de estos períodos, teniendo en cuenta la diversidad de los países, y entrelazando cinco hilos conductores: el ambiente internacional, el crecimiento de las economías, los problemas de estabilización macro, el desarrollo social, y las políticas e instituciones. Esto requirió un ambicioso trabajo estadístico y el criterio que solo se consigue con una amplia experiencia en la investigación histórica y económica.

Yo disfruté especialmente el capítulo dedicado a la post-independencia, una época de cambios rápidos y tendencias diversas entre países sobre la que no existía antes una buena síntesis para toda la región.

Bértola y Ocampo refutan en forma contundente unos cuantos mitos que influyen en la forma como seguimos viendo a la región. El mito de que desde tiempos coloniales siempre ha habido –y por lo tanto seguirá habiendo—una profunda desigualdad. El mito de que la conformación de nuestros sectores rurales tiene su origen en sistemas cuasi-feudales centrados en los latifundios, de donde se deriva la actitud rentista de nuestras clases altas. El mito de que la actividad industrial era inexistente antes de la crisis de los veinte y de las políticas estatales que se adoptaron en las décadas siguientes. O el mito de que las políticas de sustitución de importaciones son inconsistentes con la promoción de exportaciones, y de que por consiguiente toda política industrial está condenada a entrar en conflicto con la competitividad externa.

Aunque las instituciones ocupan un lugar central en la visión de Bértola y Ocampo, eso no los lleva a rechazar la influencia de la geografía, como lo hacen en forma simplista Acemoglou y Robinson en su aclamado libro “Por qué Fracasan las Naciones”. Aunque Bértola y Ocampo muestran que no hay nada determinista en la geografía, explican en forma convincente cómo el curso que tomó la historia en algunos lugares estuvo influido por la localización, el tipo de recursos naturales disponibles y la facilidad de acceso a los mercados internacionales. Un ejemplo esclarecedor lo ofrecen los países del Cono Sur, que pudieron enriquecerse produciendo bienes agrícolas porque sus competidores eran países ricos (de zonas temperadas) con mano de obra costosa. Cosa muy diferente ocurrió a los países latinoamericanos tropicales, que tuvieron que competir, y siguen compitiendo, con productores pobres de Asia y África.

No hay libro perfecto, y éste no lo es. Los autores presentan una cuantificación interesante de las tasas de crecimiento potenciales que se derivan de las elasticidades de la demanda externa de los productos de exportación de cada país. Pero usan elasticidades ex-post, que ignoran la influencia de factores distintos al nivel de ingreso, como los precios relativos. Por esa razón obtienen resultados poco creíbles y que no tienen consistencia de largo plazo.

También creo que es una deficiencia medir el tamaño del gobierno durante el período de industrialización liderada por el Estado considerando solamente el gasto público. De esta medición los autores concluyen que el gobierno tuvo en ese período un rol mucho menos importante de lo que usualmente se le atribuye. Pero esto ignora que el Estado ejercía control sobre una porción mucho mayor de los recursos de la economía: a través de la banca pública, del señoreaje monetario, el impuesto inflacionario y la manipulación de las tasas de interés; a través de las contribuciones pagadas por los trabajadores para la seguridad social y para todo tipo de programas sociales; a través de las empresas de servicios públicos que obtenían grandes ganancias monopólicas; y a través de la concesión de licencias de importación que equivalían a gravar a los consumidores para beneficiar a los dueños de las empresas.

Todas estas fuentes no convencionales de financiamiento del Estado eran insostenibles por naturaleza, lo cual propició la crisis fiscal de los ochentas, con todas sus repercusiones.

Puesto que los gobiernos latinoamericanos tienen una gran tendencia a gastar por encima de sus posibilidades de ingreso permanente, ésta es una lección que no debería ignorarse. Podemos estar a punto de repetir la historia.

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