¿Se necesitan más empresarios?*

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Labor
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Labor
Macroeconomics - Economic growth - Monetary Policy
Microeconomics - Competition - Productivity

La creación de pequeñas empresas no resolverá los problemas del desempleo y los bajos ingresos

La iniciativa empresarial es la sangre del capitalismo y la principal fuente de progreso económico en las economías de mercado. Parece obvio, por consiguiente, que los gobiernos busquen estimular la creación de nuevas empresas y apoyar a los pequeños empresarios.

Pero en América Latina hay más emprendedores de la cuenta. Si se define como emprendedor a todo aquel que se gana la vida con su propio negocio, en lugar de depender de un salario, entre una tercera parte y la mitad de la fuerza de trabajo (según el país) son emprendedores. En cambio, en Estados Unidos, menos del 10% de la fuerza de trabajo cabría en esta definición de emprendedor. 

Ganarse la vida con su propio negocio puede ser una definición demasiado amplia de empresarialidad. Ser empresario requiere, por definición, combinar recursos productivos para generar valor. Muchos de los “emprendedores” latinoamericanos trabajan solos y generan muy poco valor. En Perú y Ecuador, para poner dos casos extremos, cerca del 45% de la fuerza de trabajo son autoempleados que no generan un solo empleo adicional y que, en su mayoría, no logran ingresos mayores que si fueran asalariados.

Si se consideran empresarios solamente a quienes generan empleos, entonces entre 6%  y 10% de la fuerza de trabajo cabe en esta categoría (Argentina y Perú son, respectivamente, dos casos extremos, Colombia es un caso intermedio). Pero incluso con este criterio es difícil argüir que en América Latina hagan falta más empresarios o, lo que es equivalente, que sea necesario que haya más empresas. 

Ser empresario implica asumir riesgos económicos, de ahí que un empresario deba ganar más que quien tiene un empleo estable. Según un estudio para México, esos riesgos justifican un ingreso adicional de 17%, comparando empresarios con asalariados de familias semejantes y los mismos niveles de educación (Vélez-Grajales, 2012).

Pero las grandes masas de pequeños empresarios que hay en América Latina no alcanzan a recibir una compensación extra por los riesgos económicos que deben asumir. Tampoco tienen la protección social que el gobierno les concede a los trabajadores formales a través del seguro social y de la legislación laboral. 

Lo que se necesita no es que haya más empresarios, ya que eso por sí mismo contribuye muy poco al progreso económico o al bienestar social. Tampoco tiene sentido que los gobiernos creen programas sociales para proteger del riesgo económico a los empresarios de baja productividad.  Lo importante es que quienes escojan ser empresarios lo hagan porque tienen el talento y las oportunidades, y no porque carecen de opciones mejores para sobrevivir. 

Tienen más posibilidades de ser exitosos como empresarios quienes han estado más expuestos al mundo de los negocios, lo cual implica, entre muchas otras cosas, analizar opciones, asumir riesgos, ser innovador, movilizar talento  y tener capacidad organizativa. Aunque una educación post-secundaria más orientada a la solución de problemas reales y al pensamiento estratégico puede contribuir al éxito empresarial,  hace una mayor diferencia que el padre haya sido empresario.  

Es curioso que a menudo los gobiernos se propongan como meta la creación de pequeñas empresas, cuando los recursos humanos y el capital que ellas ocupan podrían ser mucho más productivos en las empresas más grandes y cuando las posibilidades de sobrevivencia de las firmas pequeñas son tan bajas. El esfuerzo en crear pequeñas empresas no se traduce en mejores salarios ni en empleos más estables.

Más bien los gobiernos deberían preocuparse en entender por qué las empresas medianas no logran convertirse en grandes y las grandes en campeones mundiales. Hace tiempo que en América Latina las grandes empresas dejaron de generar empleo, lo cual ha forzado a demasiada gente a montar sus propios negocios, sin entender el oficio y sin vocación.  


Bibliografía

Viviana Vélez-Grajales y Roberto Vélez-Grajales, “Inter-generational Mobility and Income Effects for Entrepreneurial Activity in Mexico”, 2012.

*Esta nota también aparece publicada en la revista Dinero.com

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