Para dónde va el IVA

Keyword: 
Taxes
Topic: 
Fiscal Policy - Public and Welfare Economics

Foro tributarioEste artículo hace parte de del Foro: Los impuestos como instrumento de desarrollo
 

“A los demócratas no les gusta el IVA porque es regresivo, y a los republicanos no les gusta porque recauda mucho. El IVA será adoptado en Estados Unidos cuando los demócratas se den cuenta de que recauda mucho y los republicanos descubran que es regresivo”. Estas irónicas palabras de un famoso economista son ilustrativas de los enfrentamientos ideológicos que genera el IVA en Estados Unidos, el único país del mundo desarrollado que no tiene IVA.

En América Latina las cosas no son muy diferentes: los economistas, especialmente los ortodoxos, quieren que el IVA aplique por igual a todos los bienes de consumo, e incluso que se aumente su tasa, para que se recaude más y se puedan reducir otros impuestos que se consideran culpables de la informalidad y otros males, como los impuestos a la nómina. En contra de esta opinión, los políticos en su mayoría, y especialmente los progresistas, consideran que más bien deberían aumentarse otros impuestos, en vez de ampliar la base del IVA o aumentar su tasa, porque éste es un impuesto regresivo.

Ambos lados de esta discusión tienen una parte de razón. Los economistas ortodoxos están en lo correcto al afirmar que si hubiera menos bienes exentos o gravados a tasas reducidas, el IVA recaudaría más, y posiblemente en forma menos distorsionante que otros impuestos. Se calcula que, en promedio en América Latina, 21% de la recaudación potencial del IVA se pierde por las exenciones y tasas reducidas que se aplican a algunos bienes (gráfico 1). Pero no hay nada que asegure que un IVA plano, y menos aún un IVA con tasas más altas, reduzca la informalidad. Como cualquier impuesto, un IVA más alto concede mayores ventajas de costo a los productores que pueden evadir su pago, lo cual es más fácil en pequeñas empresas (y por lo tanto más informales), que a su vez compran sus insumos de otros productores evasores. Debido a la evasión se pierde en promedio el 26% de la recaudación potencial del IVA, y en algunos países mucho más. (En últimas, el IVA recauda apenas el 53% de lo que podría recaudar si se aplicara a una tasa plana y no hubiera evasión.)

Descomposición de la recaudación del IVA

Por su parte, quienes abogan por cobrar mejor otros impuestos están en lo correcto al afirmar que, por ejemplo, el impuesto de la renta a las personas es una fuente desperdiciada y más progresiva de recaudación. Pero van demasiado rápido cuando suponen que el IVA es necesariamente un impuesto regresivo. En muchos países no lo es tanto porque están exentos componentes muy importantes de la canasta de consumo. Ahora bien, debe reconocerse que esas exenciones son un uso inadecuado de los recursos fiscales, porque es a los ricos a quienes más benefician, ya que su consumo es mayor. Del 21% de la recaudación potencial del IVA que se pierde con las exenciones, el 40% más pobre de la población apenas se beneficia de 3 puntos porcentuales. En cambio, el 20% más rico de la población recibe la mitad de esos beneficios. Por consiguiente, la política fiscal podría ser mucho más progresiva sin esta largueza, porque quedarían disponibles recursos fiscales que podrían focalizarse en mejorar la situación de los pobres.

Por fortuna, el impasse entre estas dos formas de ver las cosas puede resolverse con una nueva modalidad del IVA llamada IVA personalizado, o IVA-P, que se analiza en detalle en el informe del BID recién publicado, Recaudar No Basta: Los Impuestos como Instrumentos de Desarrollo. La propuesta de IVA-P consiste en aplicar una misma tasa a toda la canasta de consumo, como quiere la ortodoxia económica, pero compensando a los pobres con una transferencia directa de ingreso igual al monto del IVA pagado por ellos, con lo cual se elimina el problema de la regresividad que le preocupa a los críticos del IVA. Es decir, la cuadratura del círculo.

Para identificar los pobres a quienes se debe hacer la compensación se usarían mecanismos semejantes a los que utilizan los programas de transferencias condicionadas de ingresos, como “Oportunidades” en México, “Bolsa Familia” en Brasil o “Familias en Acción” en Colombia. Y para hacer los desembolsos se utilizarían las mismas tarjetas electrónicas que usan esos programas. Las tarjetas permiten efectuar compras en comercios o retirar los fondos depositados a través de la red bancaria.

El IVA-P tiene la virtud de que aumenta la recaudación y al mismo tiempo mejora la equidad. También mejora la neutralidad del impuesto y la eficiencia, algo muy importante para los economistas (y para la productividad de toda la economía). Como su administración es más sencilla que la de un IVA con tasas diferenciales y exenciones, y como las transferencias a los pobres se hacen con pagos electrónicos, es posible que contribuya a la bancarización de los pobres, e incluso a reducir la informalidad.

Para allá va el IVA.


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