Los cambios en la desigualdad en los países del Cono Sur de América Latina en la década de 2000 y el rol de las fuentes públicas de ingreso

Keyword: 
Conditional cash transfers
Topic: 
Poverty - Inequality - Aid Effectiveness
Fiscal Policy - Public and Welfare Economics

América Latina se ha caracterizado por presentar altos niveles de desigualdad del ingreso respecto a otras regiones del mundo. No obstante, desde principios de 2000 los países latinoamericanos han asistido a un proceso de reducción de la desigualdad del ingreso y un factor importante que podría explicar esta tendencia es una mejora en la distribución del ingreso no laboral, principalmente en las transferencias del sector público (Gasparini et al., 2011; López-Calva y Lustig, 2010). Los países del Cono Sur de América Latina (CSAL): Argentina, Brasil, Chile y Uruguay; son un ejemplo interesante de este proceso, ya que en la década del 2000 (con niveles y trayectorias dispares) redujeron significativamente sus niveles de desigualdad (con excepción de Uruguay), al mismo tiempo que evidenciaron un aumento en la participación de las fuentes públicas de ingreso de los hogares, en particular aquellas vinculadas a programas de transferencias sociales de ingreso.

En este contexto, es relevante evaluar ¿cómo las transferencias públicas han afectado la desigualdad de ingresos en los CSAL en la década de 2000?. Una alternativa metodológica interesante para abordar esta pregunta es la descomposición no-paramétrica propuesta por Barros et al. (2006, 2007), ya que no sólo permite analizar la importancia de las distintas fuentes de ingreso sobre los cambios en la desigualdad, sino que además es informativa acerca de los canales que “explican” cómo los cambios en dichas fuentes afectan a la distribución del ingreso, esto es: la cobertura (o proporción de individuos que reciben el ingreso de una fuente), la magnitud del ingreso (o valor medio) entre los perceptores de una fuente de ingresos, la desigualdad entre los perceptores y asociación entre fuentes de ingreso. En un trabajo reciente1 se analiza, para cada economía del CSAL, el vínculo de distintas fuentes de ingreso (contributivas y no contributivas) con la desigualdad del ingreso, atendiendo especialmente a los ingresos provenientes de la seguridad social y los programas de transferencias sociales.

En base a estos ejercicios de descomposición se encuentra evidencia de que (a excepción de Uruguay) los cambios en la distribución marginal del ingreso laboral han sido la principal fuerza que explica las variaciones en la desigualdad en los 2000, dando cuenta aproximadamente de entre 55% y 75% del cambio total en la desigualdad. El principal factor que explica este efecto es la caída (especialmente, en la segunda mitad de la década) en el grado de desigualdad entre los perceptores de esta fuente de ingreso. Estos resultados están en línea con estudios recientes que encuentran evidencia de un cambio igualador en los retornos a la educación en varios países de América Latina en los 2000 (López-Calva y Lustig, 2010) y entre ellos, en los países del CSAL (Gasparini et al., 2010; Gasparini et al., 2011).

Adicionalmente, los resultados de la descomposición muestran que en los países del CSAL los cambios en la distribución del ingreso no laboral tuvieron un aporte significativo a la dinámica de la desigualdad en la década del 2000 (dando cuenta entre 25% y 45% aproximadamente del cambio total en la desigualdad), en particular, fueron relevantes los cambios en las transferencias públicas.

En el trabajo se encuentra que la dinámica de los cambios en la fuente pública de ingreso y su impacto sobre la desigualdad estuvo fuertemente asociada a la implementación o expansión de programas de transferencia sociales de ingreso. Mientras que en Argentina el efecto igualador de cambios en la distribución de esta fuente se concentró en la primer parte de los 2000 (programas Jefes y Jefas; Seguro de Capacitación y Empleo; Familias por la Inclusión Social), en Chile (Pensiones Asistenciales) y Uruguay (Asignaciones Familiares) lo hizo en la segunda parte de esta década. Por otro lado, en Brasil (Bolsa Familias) el aporte de las transferencias de estos programas a la caída de la desigualdad se observó en toda la década de 2000. En los cuatro países, el principal factor que explica este efecto fue el aumento de la cobertura de los programas, y en menor medida el incremento en el valor promedio del beneficio.

En particular en Argentina y Brasil, en la primera mitad de 2000 se observa un fuerte incremento en el porcentaje de personas que viven en hogares que reciben esta fuente de ingreso que coincide con la implementación de los programas Jefes y Jefas y Bolsa Familia, respectivamente. Sin embargo, en la segunda mitad del 2000 la tasa de cobertura de esta fuente de ingreso no cambió sustantivamente en ninguno de los países. En Uruguay, el incremento en la tasa de cobertura se explica por la ampliación en la cobertura del programa Asignaciones Familiares en todo el período. En Chile, la Reforma Previsional implementada en 2008 que amplió la población beneficiaria del Pensiones Asistenciales, explica el fuerte incremento en la cobertura de este programa hacia finales de la década.

Por otro lado, si bien en la década de 2000 se ha observado un incremento en el ingreso promedio de de las transferencias sociales de ingreso en todos los países (a excepción de Argentina), el monto promedio de la transferencia monetaria fue muy bajo. Esto probablemente explique la reducida participación observada de esta fuente en el ingreso total del hogar en los cuatro países, aun considerando el fuerte aumento observado en la cobertura de estos programas.

Finalmente, los cambios en la distribución de los ingresos derivados de la Seguridad Social (básicamente jubilaciones y pensiones contributivas) tuvieron un efecto igualador sobre la desigualdad en todos los países del CSAL, a excepción de Uruguay.

Estos resultados indican que las políticas tendientes a ampliar los tradicionales Sistemas de Protección Social han resultado una opción viable para reducir la desigualdad en los países del CSAL. En base a la evidencia del trabajo se desprende una sugerencia de política relevante, la implementación de programas de transferencias no contributivos representan una interesante estrategia para abordar simultáneamente en el futuro dos objetivos importantes en términos de bien-estar: brindar mayor protección a la población vulnerable y mejorar la distribución del ingreso.

Si bien las políticas de transferencia de ingresos por sí solas parecen ser aún insuficientes para reducir la fuerte desigualdad de ingresos en los países de América Latina, estudios recientes resaltan la potencial mejora en términos distributivos que se obtendría de expandir los programas de transferencias condicionadas vigentes para poblaciones específicas (Cruces y Gasparini, 2012). Evidentemente, para llevar adelante cualquiera de las opciones de política por parte del Estado, deberá tenerse en cuenta el margen fiscal que exista en cada economía y la posible interacción de las mismas con los factores de mercado. Considerando que en la segunda etapa del período las fuerzas de mercado que predominaron en los países de la región fueron favorables, en el futuro debería evaluarse conjuntamente tanto la tendencia del dinamismo en la economía como el margen fiscal para continuar con la expansión de las políticas públicas redistributivas.  


1. Basado en Alejo, J., Bérgolo, M., Carbajal, F. “Las transferencias públicas y su impacto distributivo: la experiencia de los países del Cono Sur en la década de 2000”, El Trimestre Económico (en prensa).

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