Más violencia, menos café

Keyword: 
Agriculture
Topic: 
Conflict, Crime and Violence

La violencia ha inducido el abandono de los cafetales, especialmente de los pequeños productores. Pero el post-conflicto no llevará automáticamente a su recuperación.

El café jugó un papel crucial en el desarrollo de Colombia. Además de generar divisas, el cultivo del café impulsó el desarrollo de la Región Cafetera con la provisión de bienes públicos, la generación de ingresos para las familias cafeteras y la innovación tecnológica. Dicha prosperidad contuvo la llegada del conflicto armado en esta región pese a su expansión vigorosa a lo largo del país. La caída del régimen de cuotas del Acuerdo Internacional del Café en 1989 deterioró considerablemente las condiciones del mercado cafetero y con ello el conflicto se intensificó. Mientras en 1985 la guerrilla estaba presente en el 2% de los municipios cafeteros y en 15% de los municipios no cafeteros, en 1995 esta cifra era respectivamente 53% y 58%.1 Si bien la llegada del conflicto a la zona cafetera fue la conjunción de diversos factores, un artículo de Oeindrila Dube y Juan Fernando Vargas encuentra que la caída en los precios del café causa una intensificación del conflicto.

La intensificación de la violencia causó a su vez una reducción de la producción cafetera. Un artículo que escribí en conjunto con Juan Carlos Muñoz y Philip Verwimp explora la magnitud del impacto y los canales a través de los cuales la violencia afectó la producción cafetera. El conflicto produce una reducción de la producción por dos canales. Primero, la violencia directa implica destrucción de activos, capital humano e infraestructura, lo cual deriva en un incremento en los costos de producción. Segundo, el conflicto genera incertidumbre, miedo y cambios institucionales. Los hogares modifican entonces sus decisiones de producción para evitar o mitigar los impactos del conflicto. Evidencia en otros países muestra que, como respuesta a la incertidumbre, los hogares se retraen de los mercados y se dedican a la agricultura de subsistencia con el fin de proteger el consumo de la familia. En otros casos, se dedican a cultivos de menor riesgo, pero menor rentabilidad. En contextos violentos y con alta incertidumbre, los cultivos ilegales pueden ofrecer una alternativa atractiva para los hogares: otorgan rendimientos en un corto periodo de tiempo y con una alta rentabilidad.

El estudio analiza el impacto de la violencia municipal, medida como el ataque de los grupos armados al margen de la ley, y la producción municipal de coca sobre la decisión de un productor cafetero de abandonar el cultivo de café y, si deciden continuar, sobre el área asignada al cultivo de café. Para esto, usamos el Censo Cafetero de 1993 a 1997 y el seguimiento que llevó a cabo la Federación Nacional de Cafeteros en 2008. Los resultados son contundentes: el conflicto redujo la producción de café de manera significativa. En el periodo comprendido entre 1993 y 2008, 24% de los productores abandonaron la producción de café. Este porcentaje fue un 7% adicional en los municipios con el promedio nacional de ataques y un 3% adicional en los municipios con coca. En los municipios con una alta intensidad de la violencia, medidos como aquellos con una desviación estándar por encima de la mediana, un 80% de los cafeteros dejaron de cultivar café. Los productores que decidiendo continuar con el cultivo del café contrajeron el porcentaje de sus predios dedicados a la producción cafetera. Durante el mismo periodo, el área cultivada en café se contrajo un 32% y en las regiones con el promedio de los ataques de grupos armados se redujo un 6% adicional. La presencia de coca no tuvo un impacto para los productores que persisten con el cultivo de café.

Los efectos difieren de manera importante para los pequeños, medianos y grandes productores. El conflicto y la presencia de coca parecen no afectar a los grandes productores con fincas mayores de 25 hectáreas. Por otro lado, el conflicto afecta a los pequeños productores (menos de 5 hectáreas) debido a una mayor probabilidad de abandonar el cultivo y a los medianos (entre 5 y 25 hectáreas) a través de una reducción en el área cultivada. Es importante profundizar y entender cuáles mecanismos permiten que los grandes productores se aíslen de los impactos del conflicto armado, mientras los pequeños y los medianos enfrentan costos significativos. Diversos mecanismos pueden contribuir a esto: el mayor acceso a mercados financieros de los grandes productores, la posibilidad de los grandes a recurrir a más opciones para evitar ser víctimas de la violencia, la alta dependencia de los pequeños y los medianos a los ingresos agrícolas, entre otros. Además, se debe profundizar en el papel que ha jugado la Federación Nacional de Cafeteros para mitigar estos efectos negativos y evitar el tránsito hacia los cultivos ilícitos.

El fin del conflicto armado implicará un reto importante para Colombia. La recuperación de la producción agrícola no será inmediata. Retomar la producción de café u otros cultivos requerirá no sólo de inversiones sino de la recuperación de la confianza y el apoyo institucional decidido para garantizar la seguridad, la conexión a los mercados y el acceso a mecanismos de cubrimientos de riesgo. La presencia de la Federación Nacional de Cafeteros en toda la región cafetera será un instrumento importante para conocer las necesidades de los productores e irrigar de manera efectiva instrumentos para dinamizar la producción.


1. Bejarano, J. A. (1996). El despegue Cafetero (1900-1928). In J. A. Ocampo (Ed.), Historia económica de Colombia. Bogotà: Editorial Siglo XXI

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